Cuando alguien oye por primera vez que los cristianos llaman a Jesús "el Hijo de Dios", a menudo imagina algo físico, como si Dios tuviera una familia parecida a la nuestra. No es eso lo que la Biblia quiere decir, ni lo que los cristianos han enseñado jamás. La expresión habla de relación y de identidad, y ocupa un lugar central en la fe cristiana.
Un título con más de un sentido
En el Antiguo Testamento, "hijo de Dios" se usaba de varias maneras. Israel, como pueblo, podía ser llamado hijo de Dios (Éxodo 4:22). Al rey descendiente de David se le hablaba como a hijo de Dios, una forma de decir que gobernaba en nombre de él (Salmos 2:7). A los ángeles se les describe a veces en términos parecidos (Job 1:6). En todos los casos, las palabras apuntan a la cercanía con Dios y a una misión que él encomienda.
Cuando los seguidores de Jesús lo llamaron Hijo de Dios, echaban mano de ese trasfondo. Decían que era el rey prometido, el elegido de Dios. Pero el Nuevo Testamento va más allá, y ahí el título se vuelve único.
Cómo hablaba Jesús de su Padre
Jesús hablaba de Dios de una forma sorprendentemente personal. Lo llamaba con la palabra cariñosa con que un hijo dice "papá", y dijo que nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquellos a quienes el Hijo quiera revelarlo (Mateo 11:27). En el Evangelio de Juan afirma que él y el Padre son uno (Juan 10:30) y que quien lo ha visto a él ha visto al Padre (Juan 14:9).
Quienes lo escuchaban entendieron la magnitud de esa afirmación. Algunos líderes querían castigarlo justamente porque llamaba a Dios su propio Padre y, según ellos, se hacía igual a Dios (Juan 5:17). Jesús no suavizó su afirmación. Siguió viviendo y enseñando como alguien con autoridad para perdonar y para hablar de parte de Dios.
Voces que lo nombran
En el bautismo de Jesús, los Evangelios cuentan que se oyó desde el cielo una voz que lo llamaba el Hijo amado, en quien Dios se complace (Marcos 1:9). Algo semejante ocurrió en un monte, donde tres de sus amigos más cercanos lo vieron resplandecer y oyeron la voz que les pedía escucharlo (Mateo 17:1).
El título también salió de los labios menos esperados. Cuando Jesús murió, un oficial romano que lo había observado dijo que aquel hombre verdaderamente era Hijo de Dios (Marcos 15:39). Y Pedro, uno de sus primeros seguidores, cuando le preguntaron quién creía que era Jesús, respondió que era el Mesías, el Hijo del Dios viviente (Mateo 16:13).
Lo que no significa
Los cristianos siempre han sido cuidadosos en esto. "Hijo" no quiere decir que Dios y María tuvieran un hijo como lo tienen los humanos, ni que Jesús fuera un ser menor que empezó a existir en algún momento. La enseñanza cristiana histórica sostiene que el Hijo estaba con Dios antes del tiempo y que todo fue hecho por medio de él (Juan 1:1). Se usa la imagen de padre e hijo porque es el lenguaje humano más cercano para hablar de origen, amor y vida compartida, sin que haya nada biológico de por medio.
Por eso los cristianos distinguen a Jesús de la manera en que el resto somos "hijos de Dios". Los creyentes son recibidos en la familia de Dios como un regalo suyo (Juan 1:12), pero el Nuevo Testamento deja la filiación de Jesús en una categoría aparte. Él es el Hijo por naturaleza; nosotros somos incorporados por gracia.
Por qué importa
Si Jesús fuera solo un maestro sabio, nos daría buenos consejos desde fuera. Si es el Hijo, nos revela cómo es Dios en realidad. La carta a los Hebreos dice que el Hijo es la expresión exacta del ser de Dios (Hebreos 1:1), y Pablo lo llama la imagen del Dios invisible (Colosenses 1:15). Quien sanó a los enfermos, recibió a los marginados y lloró junto a la tumba de un amigo nos muestra el corazón de Dios.
Importa también para entender la cruz. Los cristianos creen que el amor de Dios se manifestó en que entregó a su Hijo por nosotros (Juan 3:16). Pablo afirma que Dios no escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos (Romanos 8:32). El sacrificio no fue el de un desconocido: fue el Padre y el Hijo actuando juntos por amor.
E importa para cada uno de nosotros. Pablo escribe que quienes confían en Jesús reciben el Espíritu, y que ese Espíritu nos permite llamar "Padre" a Dios como lo hacía Jesús (Romanos 8:14). Decir que Jesús es el Hijo de Dios es decir también que se nos invita a la misma cercanía, como hijos adoptados.
Dónde los cristianos difieren y dónde coinciden
La gran mayoría de los cristianos, católicos, ortodoxos y protestantes, afirma que el Hijo es plenamente Dios y plenamente uno con el Padre, una convicción formulada en los concilios de la Iglesia primitiva en el siglo IV. Algunos grupos que usan el nombre de Cristo entienden el título de otra manera y ven a Jesús como un ser creado o exaltado. Es una diferencia real, y es justo decirlo con claridad. La enseñanza histórica que aquí se describe es la que sostienen casi todos los cristianos a lo largo de los siglos.
Un punto de partida honesto
No tienes que resolver todas las preguntas antes de dar el siguiente paso. Mucha gente empieza simplemente leyendo uno de los Evangelios y preguntándose con sinceridad si así sería Dios si se acercara a nosotros. El Evangelio de Juan se escribió justo con ese fin: para que los lectores crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y encuentren vida por medio de él (Juan 20:30).
Si la idea te resulta nueva, no pasa nada. Tómate tu tiempo, lee por ti mismo y, si estás dispuesto, pídele a Dios que te muestre la verdad. La invitación nunca se hace con prisa.





