En el año 9 a. C., las ciudades de la provincia romana de Asia grabaron en piedra un decreto, hallado siglos después en Priene, en la actual Turquía, que celebraba el cumpleaños del emperador Augusto como el comienzo de una «buena noticia» para el mundo. La palabra griega era euangelion, la misma que eligieron los primeros cristianos para su mensaje. En español se volvió «evangelio», y hoy también nombra a los cuatro primeros libros del Nuevo Testamento. En su origen significa sencillamente buena noticia. Cuando los cristianos hablan del evangelio, se refieren a una buena noticia en particular, el anuncio que está en el centro de su fe: que Dios se ha acercado en Jesús y que, por su vida, su muerte y su resurrección, cualquier persona puede ser perdonada y volver a casa.

Un anuncio, no un consejo

Los primeros cristianos no presentaron su mensaje como una lista de recomendaciones para vivir mejor. Lo presentaron como una noticia, algo que había sucedido. El Evangelio de Marcos empieza llamándose a sí mismo el comienzo de la buena noticia de Jesús (Marcos 1:1), y lo primero que Jesús hace en público es anunciar que la espera terminó: el reino de Dios ya está llegando, así que la gente debe dar media vuelta y confiar en esa noticia (Marcos 1:14).

La diferencia importa. Un consejo te dice qué hacer para que algo bueno pase. Una noticia te cuenta que algo bueno ya pasó. El evangelio sí cambia la manera de vivir, pero comienza con lo que Dios hizo, no con lo que nosotros tenemos que lograr.

El resumen más breve de la Biblia

Unos veinte años después de la muerte de Jesús, Pablo le recordó a la iglesia de Corinto el mensaje que les había transmitido, y aclaró que él mismo lo había recibido. En pocas líneas nombra lo esencial: Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; fue sepultado; resucitó al tercer día; y se apareció a Pedro, a los Doce, a más de quinientas personas a la vez y, por último, al propio Pablo (1 Corintios 15:1). Muchos historiadores consideran que es una de las tradiciones cristianas más antiguas que conservamos, enseñada probablemente pocos años después de los hechos.

Llama la atención lo concreto que es. Habla de una muerte, un entierro, una resurrección y testigos. El evangelio está anclado en la historia, en cosas que le pasaron a una persona real en un lugar real.

Por qué es buena noticia: el problema que responde

Una buena noticia solo suena buena cuando sabes a qué responde. La Biblia es honesta: algo anda mal en el mundo y en nosotros. Lastimamos a otros, nos lastimamos a nosotros mismos y nos alejamos del Dios que nos creó. Pablo lo dice sin rodeos: nadie está a la altura de lo que Dios es (Romanos 3:23). A la mayoría no hace falta convencerla; lo siente en una culpa que no se quita, en relaciones que se rompen, en la sensación de que la vida no es lo que debería ser.

Pero el evangelio no empieza con un regaño. Empieza con el amor de Dios. El Evangelio de Juan lo remonta todo al amor de Dios por el mundo: el Padre entregó a su propio Hijo para que cualquiera que confíe en él tenga una vida que no se acaba en lugar de perderse, y lo envió a rescatar al mundo, no a condenarlo (Juan 3:16).

Lo que Dios hizo en Jesús

El evangelio es la historia de cómo Dios mismo resolvió el problema. En Jesús, Dios se hizo uno de nosotros. Jesús vivió la vida que nosotros debimos vivir, sanó y recibió a la gente y enseñó sobre el reino de Dios. Luego entregó su vida. Dijo que su misión no era que lo atendieran, sino atender a los demás, hasta el punto de entregar su vida para liberar a muchos (Marcos 10:45).

Los cristianos creen que en la cruz Jesús cargó con el peso del mal humano y que su resurrección al tercer día mostró que el pecado y la muerte no tienen la última palabra. Pablo señala el momento como prueba del amor de Dios: Cristo murió por nosotros antes de que nos hubiéramos vuelto a él (Romanos 5:8). También describe el resultado como una reconciliación, una relación rota que vuelve a sanar, y es Dios quien da el primer paso (2 Corintios 5:17).

Los cristianos explican la cruz con varias imágenes que se complementan: una deuda saldada, una victoria sobre el mal, un sacrificio, un rescate, una sanidad. Cada tradición pone el acento en una imagen distinta, pero todas comparten la convicción de que Jesús hizo por nosotros lo que nosotros no podíamos hacer.

Buena noticia para todo el mundo

El evangelio es personal, pero no es pequeño. Jesús hablaba del reino de Dios, el buen gobierno de Dios que irrumpe en el mundo. En la sinagoga de su pueblo leyó al profeta Isaías, que hablaba de buenas noticias para los pobres, libertad para los cautivos y vista para los ciegos, y dijo que eso se estaba cumpliendo ese mismo día (Lucas 4:16). La historia de la Biblia termina con la promesa de que Dios renovará todo lo que hizo y acabará con el llanto, el dolor y la muerte (Apocalipsis 21:4).

Así que el evangelio habla de perdón, y también de esperanza: un nuevo comienzo para las personas y, algún día, para toda la creación.

¿Cómo se responde?

Si el evangelio es una noticia, la respuesta es creerla y dejar que cambie el rumbo de tu vida. Jesús lo llamó arrepentirse y creer (Marcos 1:15). En el primer Pentecostés, cuando la gente le preguntó a Pedro qué debía hacer, él les dijo que se volvieran a Dios, se bautizaran en el nombre de Jesús y recibieran el perdón y el don del Espíritu Santo (Hechos 2:37). Pablo lo dijo de forma sencilla: reconocer abiertamente que Jesús es el Señor y confiar de corazón en que Dios lo resucitó es el camino a la salvación (Romanos 10:9).

Los cristianos difieren en algunos detalles, como la relación entre el bautismo y ese primer paso de fe, o cuánto de la respuesta humana es obra de Dios. Lo que comparten es la certeza de que la salvación es un regalo que se recibe confiando, no un sueldo que se gana con esfuerzo (Efesios 2:8).

¿De verdad es tan sencillo?

En cierto sentido, sí. Pablo dijo que este mensaje no le daba ninguna vergüenza, porque por medio de él el poder de Dios rescata a cualquiera que confíe en él (Romanos 1:16). Los niños lo entienden. Hay personas que, al final de su vida, lo han entendido en una sola conversación.

En otro sentido, lleva toda la vida explorarlo. La buena noticia transforma cómo te ves, cómo tratas a los demás, cómo enfrentas el sufrimiento y la muerte. Muchos cristianos dicen que lo entienden mejor cuanto más tiempo siguen a Jesús.

Si todo esto es nuevo para ti, no hay ninguna prisa por decidir nada hoy. Podrías empezar leyendo uno de los cuatro Evangelios (Marcos es el más corto) y preguntarte con honestidad si el Jesús que encuentras ahí es quien dijo ser.