La afirmación del centro

El cristianismo afirma algo fácil de decir y difícil de ignorar. Jesús de Nazaret fue ejecutado en una cruz romana y al tercer día Dios lo levantó de entre los muertos. No un fantasma ni un símbolo de esperanza, sino una persona viva a la que sus amigos podían ver, tocar y con la que podían comer.

Los cuatro Evangelios cuentan la historia (Mateo 28:1, Marcos 16:1, Lucas 24:1, Juan 20:1) y no se leen como copias pulidas unas de otras. Los detalles cambian, como suele pasar con los testigos de un mismo suceso. Lo que comparten es lo esencial: la tumba estaba vacía y después varios se encontraron con Jesús vivo.

En qué coinciden casi todos los historiadores

Muy pocas cosas de la historia antigua se prueban más allá de toda discusión, así que conviene empezar por lo que casi todos los especialistas, creyentes o no, aceptan. Jesús fue crucificado bajo el gobernador romano Poncio Pilato; hasta el historiador romano Tácito lo menciona. Sus seguidores quedaron destrozados y con miedo. Y poco después estaban anunciando en público, y pagando un precio real, que él vivía. E. P. Sanders, uno de los grandes historiadores de Jesús, que escribía como académico y no como predicador, consideraba un hecho que los discípulos tuvieron experiencias de Jesús resucitado, aunque decía no saber qué realidad había detrás.

Algo ocurrió que convirtió a gente asustada en testigos. Muchos sufrieron persecución y, según la tradición cristiana antigua, varios murieron por su mensaje. Alguien puede morir por algo que cree con sinceridad; es mucho más difícil explicar por qué lo haría por una historia que sabía inventada.

El testimonio más antiguo

El resumen escrito más antiguo de la resurrección no está en un Evangelio, sino en un pasaje breve de una carta de Pablo, escrita unos veinte años después de la crucifixión (1 Corintios 15:3). Pablo dice que transmite lo que él recibió, lo cual indica que el relato es aún más antiguo, probablemente de pocos años después de los hechos.

Ese pasaje menciona a quienes vieron a Jesús vivo: Pedro, los doce, Jacobo y más de quinientas personas, de las cuales Pablo dice que la mayoría seguía con vida. Era como decirle al lector: ve y pregúntales.

La tumba vacía y las mujeres

En los cuatro Evangelios, las primeras en encontrar la tumba vacía son mujeres. En aquel mundo, la palabra de una mujer valía poco; el historiador judío Josefo, del siglo primero, incluso menciona una norma según la cual las mujeres no debían ser testigos en un juicio. Quien inventara una historia para convencer a escépticos habría elegido otra cosa. Muchos historiadores ven aquí una señal de que los autores contaron lo que se recordaba, aunque fuera incómodo.

Los primeros opositores de los cristianos no decían que la tumba todavía guardara un cuerpo. Discutían por qué estaba vacía, y los mismos Evangelios registran una de esas explicaciones (Mateo 28:11).

Dos conversiones inesperadas

Dos escépticos cambiaron de rumbo. Pablo fue un enemigo decidido de los primeros cristianos hasta que, según cuenta, se encontró con Jesús resucitado (Hechos 9:1). Y Jacobo (o Santiago), hermano de Jesús, que no creía en él durante su ministerio (Juan 7:5), aparece entre aquellos a quienes Jesús resucitado se presentó (1 Corintios 15:7) y después fue uno de los líderes de la iglesia en Jerusalén (Gálatas 2:7-9).

Lo que se dice en cambio

Quienes dudan con honestidad han propuesto otras explicaciones: los discípulos robaron el cuerpo, Jesús no murió del todo, los seguidores tuvieron visiones, o la historia creció poco a poco como leyenda. Cada una se ha discutido durante siglos y cada una tiene sus dificultades, como la rapidez con que apareció esta fe o la eficacia brutal de las ejecuciones romanas.

Personas reflexivas llegan a conclusiones distintas. Un historiador puede presentar la evidencia, pero en algún punto la pregunta pasa a ser si uno cree que un milagro es posible. Si Dios existe, levantar a alguien de la muerte no está fuera de su alcance. Si uno está seguro de que no existe nada más allá de la naturaleza, ninguna evidencia parecerá suficiente. Darte cuenta de cuál de esos puntos de partida traes es una manera de ser justo contigo y con la evidencia.

Resurrección no es reanimación

La enseñanza cristiana no dice que Jesús simplemente despertó y volvió a su vida anterior. Los Evangelios describen a alguien con cuerpo real, que come, pero también distinto: a veces no lo reconocen al principio y ya no está sujeto a la muerte (Lucas 24:13, Juan 20:19). Pablo describe el cuerpo resucitado como uno que ya no puede descomponerse (1 Corintios 15:35).

Por qué importa

Si Jesús resucitó, eso dice algo de quién es. Pablo comienza su carta a los romanos diciendo que la resurrección lo declaró Hijo de Dios (Romanos 1:1). Y dice algo de nosotros: que la muerte no tiene la última palabra y que la esperanza de una vida nueva no es ilusión (1 Corintios 15:12).

También significa que Jesús no es solo un personaje del pasado. Los cristianos creemos que está vivo hoy, y por eso oramos a él y hablamos de conocerlo, no solo de saber cosas sobre él.

Una invitación, no una exigencia

No tienes que resolver esto hoy. Muchos de los que hoy siguen a Jesús empezaron como escépticos y tardaron meses o años. Un buen paso siguiente es leer despacio uno de los relatos, por ejemplo los dos últimos capítulos de Juan, y preguntarte qué piensas. Aquí las preguntas son bienvenidas.