Jesús se muda. Después de dejar Nazaret, Jesús se fue a vivir a Capernaúm, junto al lago, y Mateo vio en eso la luz que Isaías prometió a la Galilea de las naciones (Mateo 4:13). Más adelante Mateo la llama simplemente su ciudad (Mateo 9:1).
Un día en Capernaúm. Marcos describe un sábado ahí. Jesús enseñó en la sinagoga con una autoridad que dejó a todos asombrados y liberó a un hombre de un espíritu impuro (Marcos 1:21). Luego fue a la casa de Simón Pedro y Andrés, tomó de la mano a la suegra de Pedro, que estaba con fiebre, y la levantó; al caer la tarde todo el pueblo estaba en la puerta con sus enfermos (Marcos 1:29).
Por el techo. Otro día la casa estaba tan llena que cuatro amigos abrieron el techo para bajar a un paralítico hasta Jesús. Jesús primero le perdonó los pecados y luego le dijo que se levantara y se fuera a su casa, y así fue (Marcos 2:1).
“Cuando Jesús vio la fe de ellos, le dijo al paralítico:―Hijo, tus pecados quedan perdonados.”
En la oficina de impuestos y a la entrada del pueblo. Junto al lago Jesús llamó a Leví, también llamado Mateo, que cobraba impuestos (Marcos 2:13). Un centurión romano, al que los ancianos judíos elogiaban porque les había construido la sinagoga, le pidió a Jesús que sanara a su siervo con una sola palabra, y Jesús se maravilló de su fe (Lucas 7:1).
El pan de vida. Después de alimentar a los cinco mil, Jesús enseñó en la sinagoga de Capernaúm que él es el pan de vida. Muchos discípulos se fueron, y Pedro respondió que no tenían a quién más acudir (Juan 6:66).
Una advertencia. Con todo lo que vio, Capernaúm no se arrepintió, y Jesús advirtió que en el día del juicio hasta a Sodoma le iría mejor (Mateo 11:23).