Las redes. Tras una noche sin pescar nada, Simón le presta su barca a Jesús para que enseñe desde ella y luego, por su palabra, vuelve a echar las redes. La pesca casi hunde dos barcas. Simón no reacciona con euforia sino con temor: le pide a Jesús que se aparte de él, porque se siente demasiado pecador para estar cerca. Jesús lo tranquiliza y le anuncia que desde ese día su trabajo será reunir personas (Lucas 5:1).
Agua y roca. Cuando Jesús camina sobre el lago de madrugada, Pedro pide ir hacia él, baja de la barca y se hunde en cuanto el viento lo asusta. Jesús lo sostiene de inmediato (Mateo 14:28). Cerca de Cesarea de Filipo, Jesús pregunta quién dicen los discípulos que es él, y Pedro responde que es el Mesías, el Hijo de Dios. Jesús lo declara dichoso, le confirma el nombre de roca, promete edificar su iglesia sobre ella y le confía las llaves del reino; minutos después lo reprende con dureza por negarse a aceptar que el Mesías tiene que sufrir (Mateo 16:13). Poco después, Pedro ve a Jesús transfigurado en un monte junto a Moisés y Elías (Mateo 17:1).
La noche de la negación. En la última cena, Jesús le advierte que Satanás ha pedido zarandear a los discípulos y que él mismo lo negará antes del amanecer, pero añade que ha orado por él y que, cuando se recupere, deberá animar a los demás (Lucas 22:31). En el patio del sumo sacerdote, tres veces, jura que no conoce a ese hombre. Canta el gallo, Jesús se vuelve y lo mira, y Pedro sale y rompe en llanto (Lucas 22:54).
Desayuno junto al lago. La mañana de la resurrección, Pedro corre al sepulcro vacío (Juan 20:3). Días después, de vuelta en Galilea, Jesús resucitado prepara un desayuno en la orilla y le pregunta tres veces si lo ama, una por cada negación, y tres veces le encarga cuidar de su rebaño (Juan 21:15).
Pentecostés y lo que siguió. Cincuenta días después de la Pascua, Pedro se pone de pie en Jerusalén y predica el primer sermón cristiano; unas tres mil personas se bautizan (Hechos 2:14). Sana a un cojo en la puerta del templo (Hechos 3:1), le dice al concilio que la autoridad de Dios está por encima de la de ellos (Hechos 5:29) y, después de una visión con un lienzo lleno de animales, bautiza al oficial romano Cornelio y a su familia, los primeros gentiles de la iglesia (Hechos 10:9). Herodes lo encarcela y un ángel lo saca de la prisión (Hechos 12:1). Aun así podía tropezar: Pablo lo confrontó en Antioquía por apartarse de la mesa de los gentiles bajo presión (Gálatas 2:11).