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Lugares de la Biblia · Galilea · 4 min de lectura

¿Qué pasó en el mar de Galilea en la Biblia?

El lago de agua dulce del norte de Israel donde Jesús llamó a unos pescadores a seguirlo, calmó una tormenta, caminó sobre el agua y preparó el desayuno a sus discípulos después de resucitar.

Dónde queda

Mapa del Mediterráneo oriental y el Cercano Oriente con Mar de Galilea marcadoMar MediterráneoMar RojoMar de Galilea
Hoy
El lago Kinéret, en el norte de Israel, con la ciudad de Tiberíades en su orilla occidental
También llamado
Mar de Cineret (Kinéret), lago de Genesaret, mar de Tiberíades
En la Biblia
Antiguo y Nuevo Testamento
Ubicación aproximada
32,82° N, 35,59° E · Israel

Qué era el mar de Galilea

Aunque se le llama mar, en realidad es un lago: mide unos 21 kilómetros de largo y 13 de ancho, y el río Jordán entra por el norte y sale por el sur. Su superficie está a más de 200 metros bajo el nivel del mar, así que el clima es cálido y las tormentas llegan de golpe, cuando el aire fresco baja de los cerros y revuelve el agua.

El Antiguo Testamento lo llama mar de Cineret, una de las señales del borde de la tierra prometida a Israel (Números 34:10-11, Josué 12:3). En el siglo primero sus orillas estaban llenas de pueblos con mucho movimiento, como Capernaúm, Betsaida y Magdala, y de cuadrillas de pescadores que echaban sus redes desde barcas de madera. Lucas lo llama lago de Genesaret (Lucas 5:1) y Juan, mar de Tiberíades, por la ciudad que Herodes Antipas construyó en la orilla oeste (Juan 6:1).

Qué pasó ahí

Casi todo el ministerio público de Jesús ocurrió a pocos pasos de esta orilla. Aquí llamó a sus primeros discípulos, dos parejas de hermanos en plena jornada de trabajo: Simón y Andrés echando la red, Jacobo y Juan remendando las suyas junto a su padre (Marcos 1:16). Lucas cuenta además una noche sin pescar nada, seguida de una pesca tan grande que las barcas casi se hundían, y a Pedro cayendo de rodillas (Lucas 5:1).

El lago también fue salón de clases. Jesús enseñaba a la multitud desde una barca un poco alejada de la orilla (Marcos 4:1). Cuando se desató una tormenta y hasta los pescadores con experiencia pensaron que se ahogaban, él reprendió al viento y el agua quedó en calma (Marcos 4:35). En sus colinas alimentó a miles (Marcos 6:30), de noche caminó sobre el agua hacia sus discípulos y sostuvo a Pedro cuando le falló el valor (Mateo 14:22). En la orilla oriental liberó a un hombre atormentado por muchos demonios (Marcos 5:1).

La última escena es la más tierna. Ya resucitado Jesús, siete discípulos vuelven a pescar y no sacan nada hasta que alguien desde la playa les dice dónde echar la red. Ya hay unas brasas encendidas con pescado y pan, y Jesús les sirve el desayuno (Juan 21:1). Luego, tres veces, le pregunta a Pedro si lo ama y le vuelve a confiar su tarea.

“Después de desayunar, Jesús le preguntó a Simón Pedro:―Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?Pedro le contestó: ―Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Jesús le dijo:―Cuida de mis corderos.”

Juan 21:15Nueva Biblia Viva

Qué dice la arqueología

En enero de 1986, durante una sequía que hizo retroceder mucho el agua, dos hermanos del kibutz Ginosar, Moshé y Yuval Lufan, vieron en el lodo la silueta de un casco antiguo. Una excavación de rescate dirigida por el arqueólogo náutico Shelley Wachsmann lo sacó en once días. La barca mide poco más de 8 metros de largo y unos 2.3 de ancho, y fue armada y remendada muchas veces con varios tipos de madera. La cerámica hallada junto a ella y las pruebas de radiocarbono la ubican, más o menos, entre el siglo primero antes de Cristo y el siglo primero después de Cristo.

A menudo la llaman la barca de Jesús, pero nada la relaciona con él ni con sus discípulos. Lo que sí muestra ya es valioso: el tipo de barca de trabajo que describen los Evangelios, con espacio para la tripulación y una docena de pasajeros o algo más, gastada y reparada por gente que no podía comprarse una nueva. Hoy se exhibe en Ginosar.

En 2009, unas obras de construcción en Magdala, en la orilla oeste, sacaron a la luz una sinagoga que estaba en uso en el siglo primero, con un bloque de piedra tallado que lleva una de las imágenes más antiguas que se conocen del candelabro del templo. Es una sinagoga justo de la época y la región en que, según los Evangelios, Jesús enseñaba en las sinagogas de Galilea (Mateo 4:23); ninguna inscripción la vincula directamente con él.

Qué aprendemos del mar de Galilea

Jesús no esperó a sus seguidores en el patio del templo ni en una escuela. Fue a buscarlos a su trabajo, entre olor a pescado y cuerdas mojadas, y desde ahí los llamó. El lago nos recuerda que el discipulado empieza en lugares comunes y con gente común.

También nos recuerda que seguirlo no significa navegar siempre en aguas tranquilas. Los discípulos estaban en la barca porque él les había dicho que cruzaran, y aun así llegó la tormenta. Lo que cambió esa noche no fue el clima, sino quién iba con ellos en la barca. Cuando Pedro se hundía, la mano que lo sostuvo ya estaba extendida.

Y la orilla es el lugar donde al fracaso se le responde con un desayuno. Pedro había negado a Jesús junto a unas brasas; junto a otras brasas, Jesús lo restaura, no con un sermón sino con una comida y una pregunta. Si sientes que has vuelto a tus viejas redes, ahí te espera la misma bienvenida.

Fuentes

  • Shelley Wachsmann, The Sea of Galilee Boat: An Extraordinary 2000 Year Old Discovery (Plenum Press, 1995)
  • Mendel Nun, The Sea of Galilee and Its Fishermen in the New Testament (Kibbutz Ein Gev, 1989)
  • Jerome Murphy-O'Connor, The Holy Land: An Oxford Archaeological Guide (Oxford University Press, 2008)

Versículos clave

Marcos 1:16-20

Nueva Biblia Viva
“Al pasar por la orilla del mar de Galilea, Jesús vio a Simón y a su hermano Andrés que echaban la red en el lago, pues eran pescadores. «¡Vengan y síganme—les dijo Jesús—,y los convertiré en pescadores de hombres!». De inmediato abandonaron las redes y lo siguieron. Un poco mas adelante vio a Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, que remendaban las redes en una barca. Los llamó también, y ellos dejaron a Zebedeo en la barca con los empleados y se fueron con Jesús.”

Marcos 4:35-41

Nueva Biblia Viva
“Anochecía y Jesús les dijo a sus discípulos:―Vámonos al otro lado del lago. Y, dejando a la multitud, salieron en la barca. Varias barcas los siguieron. A medio camino se desató una terrible tempestad. El viento azotaba la barca con furia y las olas amenazaban con anegarla completamente. Jesús dormía en la popa, con la cabeza en una almohada. Lo despertaron y le dijeron: ―Maestro, ¿no te importa que nos estemos hundiendo? Jesús se levantó, reprendió a los vientos y dijo a las olas:―¡Silencio! ¡Cálmense!Los vientos cesaron y todo quedó en calma, Y Jesús les dijo:―¿Por qué tienen tanto miedo? ¿Acaso no tienen fe? Ellos, asustados, se decían: ―¿Quién será este que aun los vientos y las aguas lo obedecen?”

Juan 21:1-14

Nueva Biblia Viva
“Después de esto, Jesús se apareció una vez más a sus discípulos junto al lago de Tiberíades. Así fue como sucedió: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás al que llamaban el Gemelo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo, y otros dos discípulos. Simón Pedro dijo: ―Me voy a pescar. Ellos le contestaron: ―Nosotros vamos contigo. Salieron de allí y se subieron a la barca, pero esa noche no pescaron nada. En la madrugada, Jesús estaba en la orilla, pero los discípulos no se dieron cuenta de que era él. Jesús les preguntó:―Muchachos, ¿tienen algo de comer?―No —contestaron ellos. Jesús les dijo:―Echen la red a la derecha de la barca, y pescarán algo.Así lo hicieron, y ya no podían sacar la red del agua por tantos pescados que tenía. El discípulo a quien Jesús quería mucho le dijo a Pedro: ―¡Es el Señor! Cuando Simón Pedro le oyó decir: «Es el Señor», se puso la ropa, pues estaba casi desnudo, y se tiro al agua. Los otros discípulos llegaron a la playa en la barca, arrastrando la red llena de pescados, pues estaban como a cien metros de la orilla. Al bajar a tierra, vieron una fogata con un pescado encima, y pan. Jesús les dijo:―Tráiganme algunos de los pescados que acaban de sacar. Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red, que estaba llena de pescados grandes. Eran ciento cincuenta y tres pescados, y a pesar de ser tantos la red no se rompió. Jesús les dijo:―Vengan a desayunar.Ninguno de los discípulos se atrevió a preguntarle quién era, porque sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio a ellos, e hizo lo mismo con el pescado. Esta era la tercera vez que Jesús se aparecía a sus discípulos después de haber resucitado.”

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