El Jordán no es un río imponente comparado con otros del mundo. Nace de manantiales al pie del monte Hermón, atraviesa el mar de Galilea y luego serpentea hacia el sur por un valle profundo hasta el mar Muerto, el punto más bajo de la tierra firme. En línea recta son poco más de cien kilómetros, pero el río da tantas vueltas que su recorrido mide más del doble. Su nombre significa algo así como el que desciende, y baja sin parar todo el camino.
En la Biblia, el Jordán es sobre todo una frontera. De un lado quedaban el desierto y los años de peregrinar; del otro, la tierra que Dios había prometido. Cruzarlo era dejar una vida y entrar en otra, y por eso el río tiene tanto peso en las Escrituras, en el bautismo cristiano y en los cantos de creyentes que han imaginado la muerte como cruzar el Jordán.


