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Versículos de la Biblia sobre Ayuno

El ayuno, dejar de comer por un tiempo para buscar a Dios, recorre toda la Biblia, desde los profetas hasta la iglesia primitiva. A la Escritura le importa menos el acto que el corazón que lo acompaña: un ayuno puede expresar dolor, dependencia, arrepentimiento o devoción, y también puede volverse un simple espectáculo. Estos pasajes muestran por qué ayunaba la gente, qué le importaba a Dios más que el hambre y qué dijo Jesús al respecto. Las tradiciones lo practican de maneras distintas, y quien tenga problemas de salud debe consultar a su médico antes de dejar de comer.

Por qué ayunaba la gente en la Escritura

“Luego, allí junto al río Ahava, proclamé un ayuno, para humillarnos delante de nuestro Dios. Le pedimos que nos diera un buen viaje y nos protegiera, junto con nuestros hijos y los bienes con los que viajábamos. Me daba vergüenza pedirle al rey que nos proporcionara soldados y caballería que nos protegieran de los enemigos que pudiera haber en el camino, pues le habíamos dicho que nuestro Dios protege a todos los que lo adoran, y que su ira se abate sólo sobre los que lo abandonan. Ayunamos, pues, y rogamos a Dios que cuidara de nosotros, y él lo hizo.”

Antes de un viaje peligroso, Esdras convoca un ayuno para que el pueblo se humille y pida a Dios un camino seguro. Prefiere depender de Dios antes que pedirle soldados al rey.

“Entonces Ester envió a decir a Mardoqueo: «Ve y reúne a todos los judíos de Susa y pídeles que ayunen por mí. Diles que no coman ni beban durante tres días con sus noches. Yo y mis sirvientas haremos lo mismo. Luego, aunque está estrictamente prohibido, me presentaré ante al rey. ¡Si he de morir, que muera!».”

Ante una decisión que podía costarle la vida, Ester pide a su pueblo que ayune con ella tres días antes de presentarse ante el rey. El ayuno es aquí un acto compartido de necesidad.

“Cuando el rey de Nínive supo lo que Jonás estaba predicando, bajó del trono, se quitó las ropas reales, se vistió también con ropa áspera y se sentó sobre ceniza. Luego el rey y sus nobles enviaron este mensaje a toda la ciudad: «Que nadie, incluidos los animales, coma nada ni beba agua. Todos deben vestirse con ropas ásperas, de luto, clamar de todo corazón a Dios y dejar su mal comportamiento, la violencia y el robo. Quizás Dios tenga misericordia, deje de estar enojado con nosotros y nos permita seguir viviendo». Cuando Dios vio que los ninivitas estaban dispuestos a dejar su mala conducta, decidió no destruirlos como había planeado.”

Toda la ciudad de Nínive ayuna y se aparta de la violencia, y Dios responde con misericordia. El ayuno es la señal externa de un verdadero cambio de rumbo.

“Así que rogué a Dios el Señor. Oré, ayuné y me vestí con ropas ásperas, sentándome en ceniza.”

Daniel se vuelve a Dios con oración, ayuno y ropas de luto mientras intercede por su pueblo. El ayuno acompaña a la oración, nunca la sustituye.

“Un día en que estos hombres estaban adorando al Señor y ayunando, el Espíritu Santo dijo: ―Apártenme a Bernabé y a Saulo para la tarea a la que los he llamado. Después de ayunar y orar, pusieron las manos sobre ellos y los despidieron.”

La iglesia de Antioquía adora y ayuna, y luego envía a Bernabé y a Saulo en su misión tras más ayuno y oración. Las decisiones importantes se presentan a Dios con calma y en comunidad.

Un ayuno que a Dios le importa

“¡Eso no es ayuno! El ayuno que a mí me agrada es que dejen de oprimir a quienes trabajan para ustedes y liberen a los que están esclavizados y que ¡acaben con toda injusticia! Ayuno es que compartan su alimento con los hambrientos y que alberguen en sus hogares a los indefensos y menesterosos, que vistan a los que padecen frío y ayuden a todo aquel que necesite de su auxilio. Los que practican esta clase de ayuno brillarán como la luz de la aurora, y el Señor sanará todas sus heridas. Además, la justicia será su guía y la gloria del Señor será su protección a sus espaldas. Cuando me invoquen, yo les responderé. Si gritan pidiendo ayuda, yo les diré: «¡Sí, aquí estoy!». Si ustedes hacen desaparecer la opresión, si dejan de acusar a los demás y de levantar calumnias,”

Dios dice que el ayuno que desea es el que libera al oprimido, da de comer al hambriento y abriga al sin techo. Dejar de comer significa poco si deja intacta la injusticia.

“Por eso el Señor dice: «Vuélvanse a mí por completo, mientras aun hay tiempo. Háganlo con ayuno, llanto y arrepentimiento sincero». No finjan arrepentimiento rasgándose la ropa, sino vuélvanse al Señor su Dios con un corazón lleno de arrepentimiento sincero. Porque él es un Dios amoroso y bueno, que no se enoja fácilmente. Él los ama mucho y le duele castigarlos.”

El llamado es volver a Dios con todo el corazón, incluido el ayuno, y rasgar el corazón y no las vestiduras. A Dios se le describe como clemente y lento para la ira.

“»Cuando ustedes ayunen, no lo hagan en público como los hipócritas, que tratan de aparentar que están pálidos y desaliñados para que la gente se dé cuenta de que ayunaron. Les aseguro que, aparte de esto, no tendrán más recompensa. Pero cuando ustedes ayunen, lávense la cara y arréglense, para que nadie, excepto el Padre que ve lo secreto, se dé cuenta de que están ayunando. Y el Padre, que conoce lo secreto, los recompensará.”

Jesús da por hecho que sus seguidores ayunarán y advierte contra hacerlo para ser admirados. Un ayuno dirigido al Padre se vive en silencio y con alegría.

“Jesús les contó esta parábola a unos que se creían muy justos y despreciaban a los demás: «Dos hombres fueron al templo a orar. Uno de ellos era fariseo y el otro, un cobrador de impuestos. El fariseo, de pie, oraba así: “Dios, te doy gracias porque no soy como otros hombres que son ladrones, malhechores, adúlteros; ni mucho menos soy como este cobrador de impuestos. Ayuno dos veces a la semana y te doy la décima parte de todo lo que gano”. El cobrador de impuestos, en cambio, se quedó a cierta distancia y ni siquiera se atrevía a levantar los ojos al cielo. Se golpeaba el pecho y decía: “¡Dios mío, ten compasión de mí, que soy pecador!”. »Les aseguro que este, y no el fariseo, regresó a su casa habiendo sido perdonado por Dios. Porque el que se engrandece a sí mismo será humillado, y el que se humilla será engrandecido».”

En la parábola de Jesús, un hombre orgulloso cita su ayuno como prueba de su bondad, mientras que uno humilde solo pide misericordia. El que no confía en su propio historial vuelve a casa justificado.

Jesús y el ayuno

“El Espíritu Santo condujo a Jesús al desierto para que el diablo lo tentara. Luego de pasar cuarenta días y cuarenta noches sin probar bocado, Jesús sintió hambre”

Jesús ayuna cuarenta días en el desierto antes de comenzar su ministerio público y antes de la tentación. El ayuno lo prepara para enfrentar la prueba con total dependencia del Padre.

“Al ver que los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunaban, algunos se acercaron a Jesús y le preguntaron: ―¿Por qué tus discípulos no ayunan también? Jesús les respondió:―¿Se abstendrán acaso de comer en un banquete de bodas los amigos del novio mientras el novio esté con ellos? Llegará el momento cuando el novio les será quitado, y entonces ayunarán.”

Cuando le preguntan por qué sus discípulos no ayunan como otros, Jesús responde que los invitados no están de luto mientras el novio está con ellos, pero llegará el tiempo del ayuno. Muchos cristianos ven aquí un lugar para el ayuno en la vida de la iglesia.

Una oración breve

Padre, enséñame a buscarte con todo el corazón y no para ser visto por los demás. Que lo que yo deje a un lado me acerque más a ti y a las personas que amas.

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