Ester era una joven judía huérfana que creció en Susa, una de las capitales del Imperio persa, más de un siglo después de que Nabucodonosor se llevara a su pueblo al exilio. Su nombre hebreo era Hadasa. Al morir sus padres, su primo mayor Mardoqueo la adoptó y la crió como a una hija (Ester 2:5). Cuando el rey Asuero, conocido en la historia como Jerjes, destituyó a la reina Vasti y buscó reemplazo por todo el imperio, Ester fue llevada al palacio junto con muchas otras jóvenes, y el rey terminó eligiéndola como reina (Ester 2:17). Por consejo de Mardoqueo, no le dijo a nadie que era judía.
El libro que lleva su nombre es famoso por algo que no contiene: nunca menciona a Dios por su nombre. Algunas tradiciones cristianas, entre ellas la católica y la ortodoxa, leen una versión griega más larga que incluye oraciones de Ester y de Mardoqueo; las Biblias protestantes usan el texto hebreo, más breve. En ambas el mensaje es el mismo: Dios no se ve, pero nunca está ausente, y actúa por medio de un banquete, una noche de insomnio y el valor de una mujer joven.
Las familias judías vuelven a contar su historia cada año en la fiesta de Purim, que el propio libro instituye (Ester 9:20), y los cristianos la han leído desde siempre como un modelo de fe bajo presión.


