Quienes están explorando la fe a menudo notan que los grandes maestros religiosos y morales de la historia dicen cosas parecidas. Muchos invitan a la bondad, la honestidad, la humildad y el cuidado de los pobres. Algunos preguntan, con razón: si Jesús enseñó el amor, y otros también lo enseñaron, ¿qué lo hace diferente?
Es una buena pregunta y merece una respuesta respetuosa. Los cristianos no necesitan negar que otros maestros dijeron cosas sabias y hermosas. La misma Biblia sugiere que Dios dejó huellas de bondad y de conciencia en todo corazón humano (Romanos 2:14). La diferencia que ven los cristianos no está principalmente en lo sabia que era la enseñanza de Jesús, aunque creen que no tiene igual. Está en quién dijo ser y en lo que dijo que vino a hacer.
Se señaló a sí mismo
La mayoría de los maestros apuntan lejos de sí mismos: sigue este camino, guarda estos principios, busca esta verdad. Jesús también lo hacía, pero además hizo algo poco común. Se puso a sí mismo en el centro de su mensaje. Se describió como el pan para el alma con hambre, la luz del mundo y el buen pastor que entrega su propia vida para proteger a su rebaño (Juan 6:35, Juan 8:12, Juan 10:11). En su última noche con sus discípulos se llamó a sí mismo el camino, la verdad y la vida, y dijo que es a través de él como se llega al Padre (Juan 14:6).
Por eso C. S. Lewis, en su libro Mero cristianismo (1952), sostuvo que decir que Jesús fue solo un buen maestro moral es justamente la opción que él no dejó abierta. Un maestro que dijera esas cosas de sí mismo y estuviera equivocado no sería un gran guía moral. Los escépticos suelen responder que los evangelios pudieron exagerar lo que Jesús dijo; los cristianos contestan que las fuentes más antiguas ya lo muestran hablando y actuando así, y concluyen que lo que afirmaba era verdad.
Perdonó pecados en su propio nombre
Cualquiera puede perdonar lo que le hicieron a él. Pero Jesús perdonaba a la gente por pecados contra Dios y contra otros, como si él fuera el principal ofendido. Cuando le dijo a un hombre paralítico que sus pecados quedaban perdonados, los expertos religiosos que estaban ahí se preguntaron quién podía hacer eso sino solo Dios (Marcos 2:5). Entendieron perfectamente lo que estaba afirmando.
Ofreció gracia, no una escalera
El instinto humano, en todas las culturas y muchas veces también entre cristianos, es imaginar la fe como una larga subida: prácticas, disciplinas y méritos que acercan a la persona a Dios. El cristianismo valora la disciplina y la práctica. Pero en su centro está el mensaje de que Dios baja hacia nosotros antes de que podamos subir hacia él. Jesús contó la historia de un líder religioso que enumeraba sus buenas obras al orar y de un cobrador de impuestos que solo podía pedir misericordia, y dijo que fue el cobrador quien volvió a casa en paz con Dios (Lucas 18:9). Más adelante el Nuevo Testamento lo resume como una salvación por gracia mediante la fe, un regalo y no un premio (Efesios 2:8).
Eligió morir, y los cristianos creen que resucitó
Jesús no es el único maestro de la historia que murió por lo que enseñaba. Lo que llama la atención es que habló de su muerte como el propósito de su venida. Caminó a propósito hacia Jerusalén y dijo que había venido a servir y a dar su vida como el precio que dejaría libres a muchos (Marcos 10:45). Los cristianos no ven su muerte como el final trágico de una carrera prometedora. La ven como el corazón de su misión.
Luego viene la afirmación que siempre ha dividido opiniones: que tres días después su tumba estaba vacía y se apareció vivo a sus seguidores (1 Corintios 15:3). Pablo escribió que, si eso no ocurrió, la fe cristiana no tiene sentido (1 Corintios 15:14). El cristianismo no descansa solo en ideas, sino en un acontecimiento que sus primeros testigos dijeron haber visto.
Es adorado, no solo admirado
Los primeros seguidores de Jesús eran judíos creyentes, fieles al único Dios de Israel. Sin embargo, en pocos años ya le oraban a Jesús, le cantaban y le daban la honra que se le da a Dios (Filipenses 2:9, Juan 20:28). El historiador Larry Hurtado dedicó buena parte de su carrera a mostrar lo pronto y lo rápido que apareció esa devoción entre creyentes judíos, y eso es parte de lo que la hace tan llamativa. Los cristianos creen que no es solo un mensajero de Dios, sino Dios que se acercó como ser humano (Juan 1:14).
Respetar con honestidad otras tradiciones
Decir que Jesús es único no es lo mismo que mirar con desprecio a quienes creen distinto. El propio Jesús trató a los de afuera con un respeto notable: elogió la fe de un oficial romano y puso a un samaritano como ejemplo de amor (Lucas 7:1, Lucas 10:30). Los cristianos están llamados a hablar de su fe con amabilidad y respeto (1 Pedro 3:15).
Entre los cristianos también se conversa sobre cómo se relaciona Dios con quienes nunca oyeron hablar claramente de Jesús, y hay distintas opiniones al respecto. Lo que comparten es la convicción de que todo bien que alguien recibe de Dios llega, en última instancia, por medio de Cristo.
Evaluarlo por tu cuenta
La manera más honesta de responder esta pregunta es conocer a Jesús en los evangelios, tal como él mismo se presenta. Lee lo que dijo e hizo, y fíjate cómo reaccionaba la gente a su alrededor: algunos lo adoraban, otros se alejaban, otros conspiraban contra él, pero casi nadie se quedaba indiferente. Las páginas que aparecen abajo profundizan en si Jesús es Dios y en las evidencias de su resurrección, y el plan de lectura sobre quién es Jesús recorre su historia día por día.





