Sobre este capítuloMuy temprano el primer día de la semana, María Magdalena encuentra la piedra quitada y avisa a Pedro y al discípulo amado, quienes corren al sepulcro y ven las vendas vacías; el discípulo amado ve y cree. María se queda llorando, se encuentra con Jesús resucitado, lo confunde con el hortelano y lo reconoce cuando él dice su nombre. Esa tarde Jesús aparece entre los discípulos asustados, tras puertas cerradas, les da paz, sopla sobre ellos el Espíritu Santo y los envía como el Padre lo envió a él. Tomás, ausente, duda, pero ocho días después se encuentra con Jesús y lo confiesa como Señor y Dios. Juan dice que estas señales se escribieron para que los lectores crean y tengan vida.
Muy temprano el primer día de la semana, María Magdalena encuentra la piedra quitada y avisa a Pedro y al discípulo amado, quienes corren al sepulcro y ven las vendas vacías; el discípulo amado ve y cree. María se queda llorando, se encuentra con Jesús resucitado, lo confunde con el hortelano y lo reconoce cuando él dice su nombre. Esa tarde Jesús aparece entre los discípulos asustados, tras puertas cerradas, les da paz, sopla sobre ellos el Espíritu Santo y los envía como el Padre lo envió a él. Tomás, ausente, duda, pero ocho días después se encuentra con Jesús y lo confiesa como Señor y Dios. Juan dice que estas señales se escribieron para que los lectores crean y tengan vida.
1El primer día de la semana, muy de mañana, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que habían movido la piedra que cerraba la entrada.2Así que fue corriendo a donde estaban Simón Pedro y el discípulo al que Jesús quería mucho, y les dijo: ―¡Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde lo han puesto!3Pedro y el otro discípulo salieron hacia el sepulcro.4Los dos iban corriendo, pero como el otro discípulo corría más rápido que Pedro, llegó primero al sepulcro.5Se inclinó para mirar, y vio las vendas, pero no entró.6Tras él llegó Simón Pedro, y entró en el sepulcro. Vio allí las vendas,7y la tela que había cubierto la cabeza de Jesús. Pero la tela no estaba con las vendas sino enrollada en lugar aparte.8Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; y vio y creyó.9Hasta ese momento no habían entendido la Escritura que dice que Jesús tenía que resucitar.10Los discípulos regresaron a su casa,11pero María se quedó afuera del sepulcro llorando. Mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro12y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús; uno a la cabecera y otro a los pies.13Le preguntaron los ángeles: ―¿Por qué lloras, mujer? Ella les respondió: ―Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde lo han puesto.14Acabando de decir esto, volvió la mirada y vio allí a Jesús de pie, aunque ella no sabía que era él.15Jesús le dijo:―¿Por qué lloras? ¿A quién buscas?Ella creyó que era el que cuidaba el huerto, y le dijo: ―Señor, si usted se lo ha llevado, dígame dónde lo ha puesto, y yo iré por él.16Jesús le dijo:―María.Ella se volvió y le dijo: ―¡Raboni! (que en arameo significa: Maestro).17Jesús le dijo:―Suéltame, porque todavía no he ido a reunirme con mi Padre. Pero ve a mis hermanos y diles: “Voy a reunirme con mi Padre, que es el Padre de ustedes; con mi Dios, que es el Dios de ustedes”.18María Magdalena fue a darles la noticia a los discípulos: «¡He visto al Señor!», y les contaba lo que él le había dicho.19El primer día de la semana por la tarde, mientras los discípulos estaban reunidos a puerta cerrada por temor a los judíos, entró Jesús. Se puso en medio de ellos y los saludó diciendo:―¡La paz sea con ustedes!20Después de decir esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor.21Jesús volvió a decir:―¡La paz sea con ustedes! Como mi Padre me envió, así yo los envío a ustedes.22Luego sopló sobre ellos y les dijo:―Reciban el Espíritu Santo.23A los que ustedes les perdonen sus pecados, les serán perdonados; a los que ustedes no se los perdonen, no les serán perdonados.24Tomás, uno de los doce, al que le decían el Gemelo, no había estado con los discípulos cuando Jesús llegó.25Así que los otros discípulos le dijeron: ―¡Hemos visto al Señor! Tomás les respondió: ―Si no veo las heridas de los clavos en sus manos y meto en ellas mi dedo, y mi mano en su costado, no lo creeré.26Ocho días después, estaban los discípulos reunidos otra vez en la casa, y Tomás estaba con ellos. Las puertas estaban cerradas, pero Jesús entró, se puso en medio de ellos y los saludó diciendo:―¡La paz sea con ustedes!27Luego le dijo a Tomás:―Pon aquí tu dedo y mira mis manos. Trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino que debes creer.28Tomás dijo: ―¡Señor mío y Dios mío!29Jesús le dijo:―Tú has creído porque me has visto; dichosos los que no han visto y aun así creen.30Jesús hizo muchas otras señales milagrosas delante de sus discípulos que no están escritas en este libro.31Pero estas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que al creer en su nombre tengan vida.
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