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Guía por tema · 20 versículos

Versículos de la Biblia sobre La resurrección

La resurrección de Jesús es el centro de la fe cristiana: la afirmación de que el Mesías crucificado fue levantado corporalmente al tercer día, y de que quienes le pertenecen también serán resucitados. La Biblia la presenta como un acontecimiento con testigos concretos, no como un símbolo, y la une al perdón, a una vida nueva desde ahora y a la esperanza más allá de la muerte. Los cristianos explican de formas algo distintas los detalles de la resurrección futura, pero coinciden en lo esencial. Estos pasajes recorren la historia desde el sepulcro vacío hasta la promesa.

El sepulcro vacío y los testigos

“Cuando al amanecer del domingo María Magdalena y la otra María regresaban a la tumba, hubo un fuerte temblor. Un ángel del Señor acababa de descender del cielo y, tras remover la piedra, se había sentado en ella. Tenía el aspecto de un relámpago; y sus vestiduras eran blancas como la nieve. Los guardias, temblando de miedo, se quedaron como muertos. Pero el ángel dijo a las mujeres: ―No teman. Sé que buscan a Jesús, el crucificado. Pero no lo encontrarán aquí, porque ha resucitado como se lo había dicho. Entren y vean el lugar donde lo habían puesto… Ahora, váyanse pronto y díganles a los discípulos que él ya se levantó de los muertos, que se dirige a Galilea y que allí los espera. Ya lo saben. Las mujeres, llenas de espanto y alegría a la vez, corrieron a buscar a los discípulos para darles el mensaje del ángel. Mientras corrían, Jesús les salió al encuentro. ―¡Buenos días! —les dijo. Ellas cayeron sobre sus rodillas y, abrazándole los pies, lo adoraron. ―No teman—les dijo Jesús—.Digan a mis hermanos que salgan en seguida hacia Galilea, y allí me hallarán.”

Unas mujeres van al sepulcro al amanecer, se les dice que Jesús ha resucitado y luego lo encuentran en el camino. Los primeros mensajeros de la resurrección fueron quienes la sociedad menos tomaba en serio.

“pero María se quedó afuera del sepulcro llorando. Mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús; uno a la cabecera y otro a los pies. Le preguntaron los ángeles: ―¿Por qué lloras, mujer? Ella les respondió: ―Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde lo han puesto. Acabando de decir esto, volvió la mirada y vio allí a Jesús de pie, aunque ella no sabía que era él. Jesús le dijo:―¿Por qué lloras? ¿A quién buscas?Ella creyó que era el que cuidaba el huerto, y le dijo: ―Señor, si usted se lo ha llevado, dígame dónde lo ha puesto, y yo iré por él. Jesús le dijo:―María.Ella se volvió y le dijo: ―¡Raboni! (que en arameo significa: Maestro). Jesús le dijo:―Suéltame, porque todavía no he ido a reunirme con mi Padre. Pero ve a mis hermanos y diles: “Voy a reunirme con mi Padre, que es el Padre de ustedes; con mi Dios, que es el Dios de ustedes”. María Magdalena fue a darles la noticia a los discípulos: «¡He visto al Señor!», y les contaba lo que él le había dicho.”

María Magdalena llora junto al sepulcro y no reconoce a Jesús hasta que él la llama por su nombre. Luego la envía a contar a los demás lo que ha visto.

“Ellos todavía estaban hablando cuando Jesús mismo se puso en medio de ellos y les dijo:―Paz a ustedes. Todos se llenaron de terror pues creyeron que lo que veían era un espíritu. Él les preguntó:―¿Por qué están tan asustados? ¿Por qué tienen tantas dudas? Miren mis manos y mis pies. ¡Soy yo! Tóquenme y comprueben, pues un espíritu no tiene carne ni huesos como ven que yo los tengo. Después de decir esto les mostró las manos y los pies. Como ellos estaban alegres y asustados, no lo podían creer. Entonces les preguntó:―¿Tienen algo de comer? Le dieron un pedazo de pescado asado, y él lo tomó y se lo comió mientras todos lo veían. Luego les dijo:”

Jesús aparece entre discípulos asustados, les muestra las manos y los pies y come delante de ellos. El relato insiste en que se trata de un Jesús real, corporal y reconocible, no de un fantasma.

“Tomás, uno de los doce, al que le decían el Gemelo, no había estado con los discípulos cuando Jesús llegó. Así que los otros discípulos le dijeron: ―¡Hemos visto al Señor! Tomás les respondió: ―Si no veo las heridas de los clavos en sus manos y meto en ellas mi dedo, y mi mano en su costado, no lo creeré. Ocho días después, estaban los discípulos reunidos otra vez en la casa, y Tomás estaba con ellos. Las puertas estaban cerradas, pero Jesús entró, se puso en medio de ellos y los saludó diciendo:―¡La paz sea con ustedes! Luego le dijo a Tomás:―Pon aquí tu dedo y mira mis manos. Trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino que debes creer. Tomás dijo: ―¡Señor mío y Dios mío! Jesús le dijo:―Tú has creído porque me has visto; dichosos los que no han visto y aun así creen.”

Tomás se niega a creer sin ver, y Jesús responde a su duda con paciencia. Luego pronuncia una bendición sobre quienes creerían sin haber visto.

“Lo primero que hice fue transmitirles lo que me enseñaron: que Cristo murió por nuestros pecados, de acuerdo con las Escrituras; que fue sepultado y que al tercer día se levantó de la tumba, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas y, más tarde, a los doce. Después se apareció a más de quinientos cristianos a la vez, la mayoría de los cuales vive todavía, aunque algunos han muerto ya. Luego se le apareció a Jacobo, y después a todos los apóstoles. Y por último, como a uno que había nacido fuera de tiempo, se me apareció a mí.”

Pablo transmite un resumen antiguo del evangelio y enumera a quienes vieron a Jesús resucitado, entre ellos a más de quinientos a la vez. Lo presenta como algo que se podía comprobar con quienes aún vivían.

“»¡Escúchenme, varones israelitas! Como ustedes bien saben, Dios respaldó a Jesús de Nazaret con los milagros prodigiosos que realizó a través de él. Pero, de acuerdo con el plan que Dios ya tenía trazado, permitió primero que ustedes lo clavaran en la cruz y lo asesinaran por medio de hombres malvados. Pero Dios lo soltó de los horrores de la muerte y le devolvió la vida, porque la muerte no podía mantenerlo bajo su dominio por siempre.”

En Pentecostés, Pedro dice a la multitud que Dios levantó a Jesús porque la muerte no podía retenerlo. La resurrección es el centro del primer sermón cristiano.

Por qué importa

“Ahora bien, si se predica que Cristo resucitó, ¿por qué algunos andan diciendo que no existe la resurrección de los muertos? Si no hay resurrección, Cristo no resucitó tampoco; y si no resucitó, vana es nuestra predicación y vana es la fe de ustedes. En ese caso, los apóstoles seríamos unos mentirosos, porque afirmamos que Dios levantó a Cristo de la tumba, y esto es imposible si los muertos no resucitan. Y si no resucitan, Cristo está muerto todavía, y la fe de ustedes es una ilusión, todavía están en sus pecados. Además, los cristianos que ya han muerto están perdidos. Si el ser cristiano nos fuera de valor sólo en esta vida, seríamos los seres más desgraciados del mundo. ¡Pero Cristo sí resucitó! Y al resucitar se convirtió en el primero de los que resucitarán un día.”

Pablo argumenta que si Cristo no resucitó, la predicación y la fe son vanas y los creyentes siguen en sus pecados. Luego afirma que Cristo sí resucitó, como el primero de muchos.

“También se escribió acerca de nosotros, que creemos en el Dios que levantó a Jesús, nuestro Señor, de entre los muertos. También nosotros seremos declarados justos por la fe en el Señor. Él murió por nuestros pecados y resucitó para poder presentarnos justos ante Dios.”

Jesús fue entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación. Los cristianos entienden la cruz y la resurrección como dos mitades de una misma obra salvadora.

“pero al resucitar de entre los muertos por el poder del Espíritu Santo, probó ser el Hijo de Dios.”

Pablo dice que Jesús fue declarado Hijo de Dios con poder por su resurrección de entre los muertos. El sepulcro vacío es la confirmación pública de Dios sobre quién es Jesús.

“Dios toleró la ignorancia de la humanidad en el pasado, pero ahora ordena que todos se arrepientan, porque ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia por medio del varón que escogió y que acreditó al levantarlo de entre los muertos». Al oírlo hablar de la resurrección de un muerto, algunos se rieron; pero otros dijeron: ―Queremos que otro día nos hables de esto.”

Pablo dice a los atenienses que Dios ha fijado un día de juicio y ha dado prueba resucitando a Jesús. Unos se burlaron y otros quisieron oír más, lo cual retrata bien cómo la gente sigue respondiendo.

“¡Alabemos a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo!, porque su misericordia es grande y nos ha hecho nacer de nuevo por medio de la resurrección de Jesucristo. Esto fue así para que tengamos una esperanza viva y recibamos una herencia que no se puede destruir ni marchitar ni manchar. Esa es la herencia que está reservada en el cielo para ustedes,”

Pedro alaba a Dios porque nos hizo nacer de nuevo a una esperanza viva por la resurrección de Jesús. La herencia que nos espera no se corrompe ni se marchita.

Vida nueva ahora y resucitados con él

“En realidad, nuestra vieja naturaleza quedó sepultada con Jesús en el bautismo. Y así como Dios el Padre, con su poder glorioso, lo volvió a la vida, también así a nosotros nos levantó para que viviéramos una nueva vida. Pues si fuimos injertados en Cristo cuando él murió, de la misma manera participamos con él en su resurrección.”

Por el bautismo quedamos unidos a la muerte de Jesús para andar en una vida nueva. La resurrección no es solo un hecho futuro; ya empieza a moldear cómo vivimos hoy.

“Puesto que ustedes resucitaron con Cristo, fijen la mirada en las cosas de arriba, donde está Cristo sentado junto a Dios en el sitio de honor. Llenen sus pensamientos de las cosas de arriba y no en las cosas de este mundo. Después de todo, ustedes están muertos y su vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando aparezca Cristo, que es la vida de ustedes, también ustedes resplandecerán con él y participarán de su gloria.”

Porque los creyentes han resucitado con Cristo, Pablo les dice que pongan la mente en las cosas de arriba. Nuestra verdadera vida está escondida con Cristo y se manifestará cuando él aparezca.

“Lo he perdido todo con tal de conocer a Cristo, de experimentar el poder de su resurrección, de tener parte en sus sufrimientos y de llegar a ser semejante a él en su muerte. Así espero llegar a resucitar de entre los muertos.”

Pablo anhela conocer a Cristo, el poder de su resurrección y la comunión de sus sufrimientos. Ve el camino a la resurrección como un camino que pasa por la perseverancia fiel.

“Y si el Espíritu de Dios que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, él mismo les dará vida a sus cuerpos mortales.”

El Espíritu que resucitó a Jesús vive en los creyentes y también dará vida a sus cuerpos mortales. La esperanza futura está unida a una presencia que podemos tener hoy.

La promesa de la resurrección

“Jesús le dijo:―Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que cree en mí nunca morirá. ¿Crees esto?”

Ante el sepulcro de Lázaro, Jesús dice que él mismo es la resurrección y la vida. La promesa está ligada a una persona en quien confiar, no solo a una idea que aceptar.

“De igual manera sucederá con la resurrección de los muertos. Lo que se entierra, se echa a perder; lo que resucita, no se corromperá jamás. El cuerpo que sembremos, es despreciable; pero cuando resucite será glorioso. Ahora es débil, pero cuando resucite será fuerte. Al morir sembramos un cuerpo material, pero cuando resucite será espiritual. Así como hay cuerpos físicos, hay cuerpos espirituales.”

Pablo usa la imagen de una semilla para describir cómo se siembra un cuerpo perecedero y surge uno resucitado e imperecedero. Los cristianos han leído esto como un cuerpo transformado, no como un simple regreso al anterior.

“Cuando así suceda, se cumplirá la siguiente profecía: «Ha sido devorada la muerte por la victoria». «¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde está, oh sepulcro, tu victoria?». En efecto, el pecado, que es el aguijón de la muerte, ya no existirá; y la ley, que le da poder al pecado, dejará de juzgarnos. ¡Gracias a Dios que nos da la victoria por medio de Jesucristo, nuestro Señor! Por eso, amados hermanos míos, estén firmes y constantes; trabajen siempre para la obra del Señor, conscientes de que nada de lo que hagamos para el Señor será en vano.”

La muerte queda devorada en victoria, y Pablo termina con un encargo práctico: mantenerse firmes, porque el trabajo en el Señor nunca es en vano. La esperanza de la resurrección da sentido al esfuerzo de cada día.

“Yo sé que mi redentor vive, que al fin estará de pie sobre la tierra. ¡Y sé que después que este cuerpo se haya descompuesto, con este cuerpo veré a Dios! Entonces él estará de parte mía y lo veré, no como un extraño sino como un amigo. ¡Qué gloriosa esperanza!”

En medio de un sufrimiento profundo, Job declara que su Redentor vive y que verá a Dios con sus propios ojos. Muchos cristianos oyen aquí un destello temprano de la esperanza de la resurrección, aunque los intérpretes difieren sobre cuánto entendía Job.

“»”Y muchos de los que están muertos y sepultados se levantarán de sus tumbas, algunos para vivir para siempre y otros para sufrir vergüenza y desprecio sin fin. »”Y aquellos que son sabios brillarán como brilla la bóveda celeste, y los que enseñen a muchos la práctica de la justicia resplandecerán por siempre, como lo hacen las estrellas.”

Daniel habla de muchos que duermen en el polvo y despertarán, unos para vida eterna. Es una de las declaraciones más claras del Antiguo Testamento sobre la resurrección.

Una oración breve

Señor Jesús, tú has resucitado y vives. Dame fe para confiar en lo que no he visto, y que la esperanza de tu resurrección dé forma a mi vida hoy. Amén.

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