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Sobre este capítuloOtra escena celestial repite el desafío: el acusador dice que si el propio cuerpo de Job fuera tocado, maldeciría a Dios. Dios lo permite pero pone un límite al preservar su vida. Job es herido con llagas dolorosas y se sienta entre cenizas rascándose con un pedazo de cerámica. Su esposa lo insta a maldecir a Dios y morir, pero Job pregunta si solo debemos aceptar el bien de parte de Dios. Tres amigos, Elifaz, Bildad y Zofar, vienen a consolarlo y se sientan en silencio con él siete días porque su sufrimiento es muy grande. Su silencio es el mejor consuelo del libro; sus palabras vienen después.

Otra escena celestial repite el desafío: el acusador dice que si el propio cuerpo de Job fuera tocado, maldeciría a Dios. Dios lo permite pero pone un límite al preservar su vida. Job es herido con llagas dolorosas y se sienta entre cenizas rascándose con un pedazo de cerámica. Su esposa lo insta a maldecir a Dios y morir, pero Job pregunta si solo debemos aceptar el bien de parte de Dios. Tres amigos, Elifaz, Bildad y Zofar, vienen a consolarlo y se sientan en silencio con él siete días porque su sufrimiento es muy grande. Su silencio es el mejor consuelo del libro; sus palabras vienen después.

Temas

  • Sufrimiento físico
  • Integridad bajo presión
  • La presencia de los amigos

Versículos clave

Biblia en audio · Job 2

Escucha mientras haces tus cosas.

Job 2

Nueva Biblia Viva12 versículos · 2 min de lectura

Nueva Biblia Viva © Biblica, Inc. — CC BY-SA 4.0

1Llegaron nuevamente los ángeles a presentarse ante el Señor, y con ellos el ángel acusador. 2―¿De dónde vienes? —le preguntó el Señor al acusador. Y este respondió: —De rondar la tierra. 3―Bien, ¿te fijaste en mi siervo Job? —preguntó el Señor—. Es el mejor hombre de toda la tierra; hombre que me teme y se abstiene de todo mal. Ha mantenido su fe en mí no obstante haberme incitado tú a que te dejara perjudicarlo sin causa alguna. 4―¿Y qué si lo perjudico en carne propia? —respondió el acusador—. El hombre dará cualquier cosa por salvar su vida. ¡Dáñalo con una enfermedad, y te maldecirá en tu propia cara! 6―Haz con él como quieras —respondió el Señor—, pero no le quites la vida. 7Entonces el ángel acusador salió de la presencia del Señor e hizo brotar en Job dolorosas llagas desde la cabeza hasta los pies. 8Y Job, sentado en medio de las cenizas, tomó un pedazo de teja para rascarse constantemente. 9Su esposa le reprochó: ―¿Persistes en tu vida piadosa viendo todo lo que Dios te ha hecho? ¡Maldícelo y muérete! 10Pero él respondió: ―Hablas como una necia. ¿Pues qué? ¿Hemos de recibir de manos de Dios únicamente lo agradable y nunca lo desagradable? En todo esto Job no pecó ni de palabra. 11Había tres amigos de Job, que al enterarse de la gran tragedia que le había sobrevenido, se pusieron de acuerdo para ir a consolarlo y animarlo. Se llamaban Elifaz de Temán, Bildad de Súah y Zofar de Namat. 12Job estaba tan cambiado que casi no lo reconocieron. Sus amigos rompieron a llorar, rasgaron su ropa, lanzaron polvo al aire y se echaron tierra en la cabeza en señal de dolor. 13Luego se sentaron silenciosos en el suelo junto a Job durante siete días y siete noches, y ninguno dijo nada; comprendían que su aflicción era tal que no había lugar para las palabras.
Versículos de Job 2

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