Que nos traicione un amigo, un cónyuge, un familiar o un líder de la iglesia duele más que el ataque de un enemigo, porque viene de alguien en quien confiábamos. La Escritura no pasa de prisa sobre ese dolor. David, Job y el propio Jesús fueron traicionados, y la Biblia ofrece un lenguaje sincero para la herida, junto con un camino lento hacia la justicia y la sanidad. Si la traición te ha dejado abrumado, un pastor, un consejero o un amigo de confianza pueden recorrer ese camino contigo.
“Entonces Judas Iscariote, uno de los doce apóstoles, se presentó ante los principales sacerdotes y les preguntó: ―¿Cuánto me pagan si les entrego a Jesús? ―Treinta piezas de plata. Desde ese momento, Judas buscaba la ocasión propicia para traicionar a Jesús.”
Uno de los Doce va con los principales sacerdotes y acuerda entregar a Jesús por dinero. La traición vino desde dentro de su propio círculo.
“No había terminado de pronunciar estas palabras cuando Judas, uno de los doce, se acercó al frente de una turba armada con espadas y palos. Iban en nombre de los líderes judíos y esperaban solamente que Judas identificara con un beso al Maestro. Sin pérdida de tiempo, el traidor se acercó a Jesús. ―Hola, Maestro —le dijo, y lo besó. ―Amigo, haz lo que viniste a hacer—le respondió Jesús. En el instante en que prendían a Jesús,”
Judas se acerca con un saludo y un beso, y Jesús aun así lo llama amigo. Incluso entonces, Jesús nombra lo que ocurre sin volverse cruel.
“No fue un enemigo quien se mofó de mí; eso lo habría soportado yo; no fueron los que están en mi contra los que me humillaron, de ellos podría haberme ocultado y huido. Pero fuiste tú, un hombre como yo, mi compañero y amigo. Como disfrutábamos nuestra amistad mientras juntos caminábamos a la casa de Dios.”
El salmista dice que a un enemigo lo habría soportado, pero esto fue un compañero y amigo íntimo con quien adoraba. La Biblia permite que el dolor sea tan agudo como realmente es.
“Mis mejores amigos me aborrecen. Los que yo amaba se han vuelto contra mí,”
Job se lamenta de que sus amigos más íntimos lo aborrecen y de que aquellos a quienes amaba se volvieron contra él. Se le permite decir cuán solo se siente.
“Él sana a los quebrantados de corazón y les venda las heridas.”
Se describe a Dios sanando a los quebrantados de corazón y vendando sus heridas. La sanidad es una reparación suave de lo que se rompió y suele tomar tiempo.
“La primera vez que comparecí ante el juez nadie me respaldó. Todos me desampararon. Que esto no se les tome en cuenta. Pero el Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas para predicar el mensaje que todos oyeron. Dios me libró de la boca del león.”
Pablo recuerda que nadie lo acompañó en su primera defensa, pero el Señor estuvo a su lado y le dio fuerzas. Cuando la gente se va, la presencia de Dios sigue allí.
“Pero José les respondió: ―No me tengan miedo. ¿Creen que puedo tomar yo el lugar de Dios para juzgarlos y castigarlos? En lo que a mí respecta, Dios convirtió en bien el mal que ustedes quisieron hacerme, y me puso en el alto cargo que ahora desempeño a fin de que salvara la vida de mucha gente.”
José, vendido por sus hermanos, les dice años después que Dios convirtió en bien lo que ellos pensaron para mal. No justifica lo que hicieron, pero ve la mano de Dios obrando a través de ello.
“Queridos hermanos, nunca tomen venganza sino déjensela a Dios, porque así está escrito: «A mí me corresponde vengarme. Yo le daré su pago a cada quien, dice el Señor».”
Pablo dice a los creyentes que no tomen venganza, sino que dejen lugar a la justicia de Dios. Confiar el resultado a Dios nos quita el peso de tener que saldar cuentas nosotros mismos.
“Arrojen de ustedes la amargura, el enojo, la ira, los gritos, las calumnias y todo tipo de maldad. Al contrario, sean bondadosos entre ustedes, sean compasivos y perdónense las faltas los unos a los otros, de la misma manera que Dios los perdonó a ustedes por medio de Cristo.”
Pablo pide a los creyentes que dejen la amargura y la ira, y que perdonen como Dios en Cristo los perdonó. Perdonar no es lo mismo que volver a confiar, y muchos cristianos subrayan que la confianza debe reconstruirse con hechos.
“Confiar en un hombre indigno en momentos de angustia es como masticar con una muela careada o caminar con una pierna rota.”
Confiar en un infiel en tiempo de angustia se compara con un diente roto o un pie que cojea. El proverbio es una advertencia realista para ser cuidadosos con quién recibe lo que más importa.
Una oración breve
Señor, tú sabes exactamente cómo duele esto, y a ti también te traicionaron. Sostenme en mi dolor, guíame hacia la sanidad a tu tiempo y pon en mi vida personas en quienes pueda apoyarme con seguridad.
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