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Personajes de la Biblia · Antiguo Testamento · 4 min de lectura

¿Quién fue Abraham en la Biblia?

El hombre a quien Dios llamó desde Mesopotamia con la promesa de una tierra, una descendencia y bendición para todas las naciones, y cuya confianza lo hizo padre de los creyentes.

Época

La época de los patriarcas, situada tradicionalmente hacia el año 2000 a. C., aunque los estudiosos lo fechan de distintas maneras

Quién fue

Patriarca de Israel, esposo de Sara, padre de Isaac e Ismael, llamado amigo de Dios

Familia y personas cercanas

Esposa
Sara
Hijo
Isaac
Hijo (con Agar)
Ismael
Sierva de Sara, madre de Ismael
Agar
Padre
Taré
Sobrino
Lot
Nieto
Jacob
Descendiente
David

Quién fue

Abraham nació con el nombre de Abram en Ur, una ciudad de la antigua Mesopotamia, y de allí su familia se trasladó a Harán. Fue en Harán donde Dios lo llamó a dejar su tierra, su parentela y la casa de su padre para ir a un lugar que todavía no conocía (Génesis 11:27). Tenía setenta y cinco años cuando partió con su esposa Sarai, su sobrino Lot, sus siervos y sus rebaños. No tenía hijos, y la promesa que lo ponía en camino hablaba justamente de descendencia y de una bendición que alcanzaría a todas las familias de la tierra (Génesis 12:1).

Pocas personas ocupan tanto espacio en Génesis como Abraham, y el resto de la Biblia vuelve a él una y otra vez. Israel se llamó a sí mismo su descendencia, Dios se presentó ante Moisés como el Dios de Abraham, y el Nuevo Testamento lo llama padre de todos los que creen (Romanos 4:16). Judíos, cristianos y musulmanes lo reconocen como antepasado en la fe, y por eso a veces se le llama padre de tres religiones.

Sin embargo, el relato bíblico no lo convierte en una estatua. Mintió sobre su esposa para protegerse a sí mismo, quiso adelantar la promesa por medio de Agar y se rió cuando le dijeron que Sara tendría un hijo en su vejez. Lo que lo distingue no es la perfección, sino la confianza: una y otra vez le creyó a Dios y se puso en marcha.

Momentos clave

El llamado. En Harán, Dios le dice a Abram que se vaya, sin decirle adónde. Y él se va. La carta a los Hebreos subraya esa obediencia: salió sin saber su destino y vivió en tiendas como extranjero en la misma tierra que le habían prometido (Hebreos 11:8). En Siquem, Dios le confirma que esa es la tierra, y Abram levanta un altar, el primero de muchos (Génesis 12:6).

Las estrellas. Pasan los años y el hijo no llega. Cuando Abram expresa su duda, Dios lo saca de noche bajo el cielo y le pide que cuente las estrellas, porque así de numerosa será su descendencia. Abram le cree, y Dios le cuenta esa fe como justicia (Génesis 15:5). Pablo construirá sobre ese versículo todo su argumento sobre la fe (Romanos 4:3). Luego Dios sella la promesa con una ceremonia de pacto, pasando entre los animales sacrificados mientras Abram duerme (Génesis 15:17).

El nombre nuevo. A los noventa y nueve años, Dios se le aparece de nuevo, lo llama Abraham, padre de una multitud de naciones, y cambia el nombre de Sarai por Sara, anunciando que el hijo prometido nacerá de ella. La circuncisión queda como señal del pacto (Génesis 17:1). Poco después, tres visitantes llegan a su tienda, y Abraham intercede por Sodoma, negociando con el Señor el número de justos necesarios para salvar la ciudad, de cincuenta hasta diez (Génesis 18:22-23).

Isaac. Veinticinco años después del llamado, Sara da a luz, y al niño lo llaman Isaac, un nombre que significa risa (Génesis 21:1). El conflicto entre Sara y Agar termina con la salida de Agar e Ismael, aunque Dios promete cuidar también de ese muchacho (Génesis 21:9).

El monte Moriah. Entonces llega la prueba más dura de toda la Biblia. Dios le pide a Abraham que ofrezca a Isaac en sacrificio. Abraham se levanta temprano, camina tres días y alza el cuchillo antes de que un ángel lo detenga y aparezca un carnero trabado en un matorral (Génesis 22:1). Dios renueva cada una de sus promesas, y Abraham le pone al lugar un nombre que recuerda que el Señor provee. Años más tarde sepulta a Sara en una cueva que compra en Hebrón, el único pedazo de la tierra que llegó a poseer (Génesis 23:17), y muere a los ciento setenta y cinco años, enterrado allí por Isaac e Ismael juntos (Génesis 25:7-8).

Qué aprendemos de Abraham

Abraham nos enseña que la fe es un camino, no un sentimiento. No tenía una Biblia, ni una congregación, ni una larga tradición a sus espaldas; tenía una voz y una promesa, y caminó. Hebreos lo coloca en el centro de su galería de la fe, entre personas que murieron confiando en promesas que solo habían saludado de lejos (Hebreos 11:13). En la vida de Abraham, creer se parece mucho a empacar.

También nos enseña que las promesas de Dios son más grandes que una vida. Abraham vio un hijo, un campo y un par de pozos. Nunca vio la nación, ni la tierra, ni la bendición para los pueblos, y sin embargo Pablo dice que el evangelio le fue anunciado por adelantado, porque esa bendición era Cristo (Gálatas 3:8). Lo que Dios comienza en una vida puede terminarlo mucho después.

Y nos enseña algo sobre la paciencia de Dios. La fe de Abraham tembló más de una vez, y Dios nunca retiró su promesa. Santiago lo llama amigo de Dios (Santiago 2:23), y amistad es una buena palabra para una relación en la que uno falla y el otro sigue presente. El Dios que esperó a Abraham, lo corrigió y puso un carnero en el monte es el mismo Dios que hoy sale a nuestro encuentro.

Versículos clave

Génesis 12:1-3

Nueva Biblia Viva
“El Señor le dijo a Abram: «Deja tu tierra, tus familiares y la casa de tu padre, y vete a la región que te voy a mostrar. Te voy a convertir en una nación muy grande; te voy a bendecir, y te haré un hombre muy famoso. ¡Serás de bendición para muchas personas! A los que te bendigan, yo los bendeciré; pero a quienes te maldigan, yo los maldeciré. ¡Por medio de ti, yo bendeciré a todos los pueblos del mundo!».”

Génesis 15:5-6

Nueva Biblia Viva
“Luego el Señor hizo que Abram saliera de su carpa, y le dijo: ―Intenta contar todas las estrellas que hay en el cielo, y verás que no puedes. ¡Pues, así de numerosos serán tus descendientes! Y Abram le creyó al Señor, y esto le agradó al Señor y, por eso, lo consideró un hombre justo.”

Génesis 22:15-18

Nueva Biblia Viva
“Poco después, el ángel del Señor llamó nuevamente a Abraham desde el cielo, y le dijo: ―Ya que me obedeciste y no me negaste a tu único hijo, juro por mí mismo —lo digo yo, el Señor—, que te bendeciré muchísimo. Tu descendencia será tan numerosa como las estrellas del cielo y como la arena del mar. Además, tus descendientes poseerán las ciudades de sus enemigos. Por haberme obedecido, todas las naciones del mundo serán bendecidas por medio de tus descendientes.”

Hebreos 11:8-10

Nueva Biblia Viva
“Por la fe, Abraham, cuando fue llamado para ir al lugar que iba a recibir como herencia, obedeció y salió sin saber a dónde iba. Por la fe vivió como extranjero en la Tierra prometida. Vivió en tiendas de campaña, lo mismo que Isaac y Jacob, que también eran herederos de la misma promesa, porque Abraham esperaba la ciudad que tiene cimientos firmes, la que Dios ha planeado y construido.”

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