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Guía por tema · 15 versículos

Versículos de la Biblia sobre La Palabra de Dios

Los cristianos siempre han tratado la Biblia como algo más que un libro antiguo. Es el lugar donde Dios habla, corrige, consuela y nos señala a Jesús. Estos pasajes describen qué es la Escritura, qué hace en la vida de una persona y cómo acercarnos a ella: despacio, con humildad y con disposición de obedecer lo que leemos. Las tradiciones difieren en cómo se relaciona la Escritura con la enseñanza y la tradición de la iglesia, pero casi todas coinciden en que es el testimonio central y confiable de quién es Dios. Empieza hoy con un solo pasaje y deja que haga su obra.

Qué es la Escritura

“La Escritura entera es inspirada por Dios y es útil para enseñarnos, para reprendernos, para corregirnos y para indicarnos cómo llevar una vida justa. De esa manera, los servidores de Dios estarán plenamente capacitados para hacer el bien.”

Pablo dice que la Escritura viene del aliento mismo de Dios y capacita al creyente para toda buena obra. Está hecha para enseñar, corregir y formar, no solo para informar.

“Ustedes deben entender esto: Ninguna profecía de las Escrituras puede ser interpretada como uno quiera, porque los profetas no hablaron por su propia iniciativa. Ellos hablaron de parte de Dios, y fueron inspirados por el Espíritu Santo.”

Pedro explica que la profecía no nació de la ocurrencia humana, sino de personas movidas por el Espíritu Santo. La Biblia tiene voces humanas y un origen divino.

“La palabra de Dios es viva y poderosa. Es más cortante que una espada de dos filos que penetra hasta lo más profundo de nuestro ser, y examina nuestros más íntimos pensamientos y los deseos de nuestro corazón.”

El autor presenta el mensaje de Dios como algo vivo y más afilado que una espada, capaz de sacar a la luz lo oculto del corazón. Nos lee a nosotros tanto como nosotros a él.

“Antes que nada existiera, ya existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios porque aquel que es la Palabra era Dios. Él estaba con Dios en el principio. Por medio de él todas las cosas fueron creadas, y no existe nada que él no haya creado. En él estaba la vida, y la vida era también la luz de la humanidad. Esta luz brilla en la oscuridad, y la oscuridad no puede apagarla.”

Juan abre su Evangelio llamando a Jesús la Palabra que estaba con Dios y era Dios. Los cristianos ven que la Escritura apunta en último término a esta persona.

“Él les dijo:―¡Qué torpes son ustedes! ¡Qué corazón tan lento tienen para creer todo lo que los profetas dijeron! ¿Acaso no saben que el Cristo tenía que sufrir estas cosas antes de entrar en su gloria? Entonces les explicó todo lo que las Escrituras decían acerca de él, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas.”

En el camino a Emaús, Jesús resucitado recorre con dos discípulos la Ley y los Profetas para mostrar cómo hablan de él. Nos enseña a leer toda la Biblia con él en el centro.

Lo que hace en nosotros

“Tu palabra es una lámpara a mis pies, y una luz en mi sendero.”

El salmista llama a la palabra de Dios lámpara para los pies y luz en el camino. Suele mostrar el siguiente paso más que todo el trayecto.

“La ley del Señor es perfecta: infunde nuevo aliento. Sus mandamientos son fieles: dan sabiduría a los sencillos. Las normas del Señor son justas: traen alegría al corazón. Los mandamientos del Señor son claros: dan luz a los ojos. El temor del Señor es puro: permanece para siempre. Los decretos del Señor son verdaderos y justos. Son más deseables que el oro, más que el oro refinado. Son más dulces que la miel que destiló del panal. Porque ellos advierten al que los oye y hacen triunfar a quienes los obedecen.”

David enumera lo que hace la instrucción de Dios: restaura el alma, da sabiduría al sencillo y alegra el corazón. La valora más que una gran riqueza.

“Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y permanecen en la tierra para regarla, haciendo que la tierra dé grano y produzca semilla para el sembrador y pan para el hambriento, así es mi palabra. Yo la envío y siempre produce fruto. Realiza cuanto yo quiero y prospera en dondequiera la envíe.”

Dios compara su palabra con la lluvia que riega la tierra y no vuelve vacía. Lo que él dice cumple el propósito para el cual lo envía.

“De hecho, todo lo que fue escrito hace tiempo se escribió para enseñarnos, a fin de que, con el consuelo y la constancia que las Escrituras nos dan, mantengamos la esperanza.”

Pablo recuerda a la iglesia que las Escrituras anteriores se escribieron para enseñarnos, de modo que la perseverancia y el ánimo produzcan esperanza. Los textos antiguos siguen dando consuelo vivo.

“―¡No!—le respondió Jesús—.Escrito está: “Para vivir no sólo es importante el pan: debemos obedecer todo lo que manda Dios”.”

Ante la tentación en el desierto, Jesús responde apelando a la Escritura y a lo que de verdad sostiene a una persona. El pan diario importa, pero también escuchar a Dios.

Cómo recibirla

“Dichosos todos aquellos que no siguen el consejo de los malvados, ni se detienen en la senda de los pecadores, ni cultivan la amistad de los blasfemos, sino que se deleitan en la ley del Señor, la meditan día y noche. Son como árboles junto a las riberas de un río, que no dejan de dar delicioso fruto cada estación. Sus hojas nunca se marchitan y todo lo que hacen prospera.”

El primer salmo describe al bienaventurado como quien se deleita en la instrucción de Dios y la medita de día y de noche. Esa persona es como un árbol plantado junto al agua.

“Pongan en práctica la palabra y no se limiten a sólo escucharla pues de otra manera se engañan ustedes mismos. El que escucha la palabra pero no la pone en práctica es como el que mira su cara en un espejo y, en cuanto se va, se olvida de cómo era. Pero el que pone su atención en la ley perfecta que da libertad, y sigue en ella sin olvidar lo que ha oído y hace lo que ella dice, será dichoso en lo que hace.”

Santiago advierte que solo oír el mensaje nos engaña; se nos llama a ponerlo en práctica. Una lectura que nunca llega a las manos y los pies se queda corta.

“Los bereanos eran mucho más nobles que los tesalonicenses, y escucharon gustosos el mensaje. Todos los días examinaban las Escrituras para comprobar si lo que Pablo y Silas decían era cierto.”

Los creyentes de Berea recibieron con entusiasmo el mensaje de Pablo y luego examinaban las Escrituras cada día para ver si era cierto. El entusiasmo y el cuidado van de la mano.

“Que no se aparte nunca de tu boca este libro de la ley. Medita en él día y noche y obedécelo al pie de la letra. Solamente así tendrás éxito.”

Dios le dice a Josué que mantenga su instrucción en los labios y en la mente para vivir conforme a ella con fidelidad. La familiaridad con ella debe moldear la conducta.

“Debes pensar constantemente en estos mandamientos que te doy en este día. Debes enseñarlos a tus hijos y hablar de ellos cuando estás en casa o cuando caminas con ellos; al acostarte y al levantarte. Átalos en tu mano y llévalos en la frente, escríbelos en la puerta de tu casa y en los portones de tu ciudad.”

Moisés indica a los padres que guarden los mandamientos de Dios en el corazón y hablen de ellos en casa, en el camino, al acostarse y al levantarse. La Escritura debe empapar la vida cotidiana.

Una oración breve

Señor, abre mis ojos al leer y deja que tu palabra moldee lo que pienso, digo y hago. Ayúdame a oírte en ella y a seguir por donde me guíe. Amén.

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