Elegir un trabajo, una ciudad, una pareja, o simplemente qué hacer la próxima semana, puede dejarnos deseando una señal clara. La Biblia no promete un mapa de todo el camino, pero sí promete un Guía que lo recorre con nosotros. Estos pasajes hablan de pedir sabiduría, de escuchar la Escritura y a las personas sabias, y de avanzar con confianza cuando el camino solo está iluminado en parte. Los creyentes entienden de manera distinta el cómo, pero el fondo es el mismo: Dios quiere guiar a quienes de veras desean seguirlo.
“Confía en el Señor con todo tu corazón, y no confíes en tu propia inteligencia. Busca la voluntad del Señor en todo lo que hagas, y él dirigirá tus caminos.”
El autor nos pide apoyarnos en el Señor y no en nuestro propio entendimiento, y promete que él enderezará nuestras sendas. La guía empieza con confianza, no con tener todas las respuestas.
“Enséñame la senda que debo seguir, Señor. Indícame el camino por donde debo andar. ¡Guíame por medio de tu verdad, enséñame! Porque tú eres el Dios que me da salvación; en nadie sino en ti tengo esperanza todo el día.”
David ruega que Dios le muestre sus caminos y le enseñe sus sendas, y reconoce que espera todo el día. Pedir dirección y esperarla van de la mano.
“Yo, el Señor, los guiaré de continuo, y les daré de comer en el desierto y siempre tendrán fuerzas. Serán como huerto bien regado, como manantial que fluye sin cesar.”
Dios promete guiar a su pueblo de continuo y saciarlo aun en lugares áridos. La promesa habla de una presencia constante, no de una sola respuesta.
“Pues conozco los planes que para ustedes tengo, dice el Señor. Son planes de bien y no de mal, para darles un futuro y una esperanza. En aquellos días cuando oren, yo escucharé. Me hallarán cuando me busquen, si con toda sinceridad me buscan.”
Estas palabras fueron escritas a exiliados lejos de casa, para decirles que Dios aún tenía buenos planes para ellos y que lo encontrarían al buscarlo de todo corazón. Se leen mejor como promesa de la fidelidad de Dios que como un pronóstico detallado para cada persona.
“La falta de consejo frustra los planes; la abundancia de consejo los prospera.”
Los planes fracasan sin consejo, pero prosperan cuando se escucha a muchos consejeros. Buscar a personas sabias y de confianza es una de las maneras más comunes en que Dios guía.
“No se amolden a la conducta de este mundo; al contrario, sean personas diferentes en cuanto a su conducta y forma de pensar. Así aprenderán lo que Dios quiere, lo que es bueno, agradable y perfecto.”
Pablo dice que una mente renovada, en vez de imitar al mundo, puede discernir cuál es la voluntad buena y agradable de Dios. La guía brota de una manera de pensar transformada con el tiempo.
“El hombre puede hacer muchos planes, pero la decisión final es del Señor.”
Muchos planes llenan el corazón humano, pero el propósito del Señor es el que permanece. Puede ser un alivio cuando las cosas no salen como esperábamos.
“Y si abandonan las sendas de Dios y se extravían, escucharán tras ustedes una voz que dirá: ―No, este es el camino, caminen por aquí.”
Isaías describe una voz detrás del caminante que le señala el camino cuando está tentado a desviarse. La dirección suele verse mejor cuando ya vamos caminando.
“Que la paz de Dios reine en sus corazones, porque ese es su deber como miembros del cuerpo de Cristo. Y sean agradecidos.”
Pablo pide que la paz de Cristo actúe como árbitro en nuestro corazón. Muchos cristianos toman una paz asentada como una señal confirmatoria entre otras, junto con la Escritura y el consejo, y no como una prueba aislada.
Una oración breve
Señor, quiero caminar por donde tú me guíes, pero no veo muy lejos. Dame sabiduría para este próximo paso y ayúdame a confiar en ti con lo demás. Amén.
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