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Acerca de este libro: Santiago

Santiago es una carta ágil y práctica escrita a creyentes judíos dispersos fuera de Palestina. Se lee como literatura sapiencial con voz cristiana, y su ritmo recuerda con frecuencia a Proverbios y a la enseñanza de Jesús en el Sermón del Monte. Santiago insiste en que la fe verdadera se muestra en la manera de vivir. Habla de enfrentar las pruebas con firmeza, de pedirle sabiduría a Dios y de escuchar la palabra y ponerla en práctica. Desafía el favoritismo hacia los ricos, advierte del daño que puede hacer la lengua y denuncia la envidia, la arrogancia y el atractivo de la amistad con el mundo. Su conocido argumento de que la fe sin obras está muerta se ha contrapuesto a veces a la enseñanza de Pablo sobre la justificación por la fe, pero la mayoría de los cristianos entiende que responden a problemas distintos: Pablo contesta a quienes confían en las obras para ganar el favor de Dios, mientras que Santiago contesta a quienes dicen tener fe pero no dan fruto. La carta termina con paciencia en el sufrimiento, confesión sincera y el poder de la oración del justo.

Autor
Santiago, tradicionalmente el hermano de Jesús y líder de la iglesia en Jerusalén.
Fecha
Discutida: quizá a mediados de los años 40 d. C., lo que la haría uno de los escritos más antiguos del Nuevo Testamento, o más tarde en el siglo I.
Destinatarios
Cristianos judíos que vivían en la dispersión, descritos como las doce tribus esparcidas por el mundo.

Temas

Una fe que actúaPruebas y perseveranciaLa sabiduría de lo altoDomar la lenguaCuidado de los pobres

Esquema

  1. 1:1–1:18Saludo, pruebas, sabiduría y tentación
  2. 1:19–1:27Escuchar la palabra y practicarla
  3. 2:1–2:13Sin favoritismo hacia los ricos
  4. 2:14–2:26La fe y las obras
  5. 3:1–3:12El poder de la lengua
  6. 3:13–4:12Dos clases de sabiduría y la sumisión a Dios
  7. 4:13–5:6Presumir del mañana y advertencias a los ricos
  8. 5:7–5:20Paciencia, oración y restauración mutua

Versículos clave

Sobre este capítuloSantiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, escribe a los creyentes dispersos y les dice que tengan por sumo gozo las pruebas, porque ponen a prueba la fe y producen constancia y madurez. Quien carezca de sabiduría debe pedirla a Dios, que da con generosidad, pero debe pedir con fe y sin dudar. Ricos y pobres deben gloriarse en su posición delante de Dios. Dichoso el que permanece firme durante la prueba, y Dios no tienta a nadie con el mal; el propio deseo concibe el pecado. Toda buena dádiva viene del Padre de las luces. Hay que ser prontos para oír, tardos para hablar y para airarse, y hacedores de la palabra, no solo oidores, con una religión que cuida de huérfanos y viudas.

Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, escribe a los creyentes dispersos y les dice que tengan por sumo gozo las pruebas, porque ponen a prueba la fe y producen constancia y madurez. Quien carezca de sabiduría debe pedirla a Dios, que da con generosidad, pero debe pedir con fe y sin dudar. Ricos y pobres deben gloriarse en su posición delante de Dios. Dichoso el que permanece firme durante la prueba, y Dios no tienta a nadie con el mal; el propio deseo concibe el pecado. Toda buena dádiva viene del Padre de las luces. Hay que ser prontos para oír, tardos para hablar y para airarse, y hacedores de la palabra, no solo oidores, con una religión que cuida de huérfanos y viudas.

Temas

  • Gozo en las pruebas
  • Pedir sabiduría
  • Practicar la palabra

Versículos clave

Biblia en audio · Santiago 1

Escucha mientras haces tus cosas.

Santiago 1

Nueva Biblia Viva27 versículos · 3 min de lectura

Nueva Biblia Viva © Biblica, Inc. — CC BY-SA 4.0

1Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, saluda a las doce tribus que se hallan dispersas por todo el mundo. 2Hermanos míos, que les dé gran alegría cuando pasen por diferentes pruebas, 3pues ya saben que cuando su fe sea puesta a prueba, producirá en ustedes firmeza. 4Y cuando se desarrolle completamente la firmeza, serán perfectos y maduros, sin que les falte nada. 5Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios. Él se la dará, porque Dios da a todos en abundancia sin hacer ningún reproche. 6Pero debe pedirla con fe, sin dudar, ya que el que duda es como las olas del mar que el viento agita y lleva de un lado a otro. 7El que es así, no piense que va a recibir alguna cosa del Señor, 8porque no es capaz de tomar decisiones ni es constante en lo que hace. 9El hermano de condición humilde debe sentirse orgulloso de lo mucho que vale; 10y el rico, de su humilde condición. El rico se marchitará como la flor del campo. 11Cuando el sol sale, seca la planta con su calor intenso. A la planta se le marchita la flor y pierde su belleza. Así se marchitará también el rico en todos sus negocios. 12Dichoso el que permanece firme durante la prueba, porque cuando la supera, recibe la corona de la vida que Dios ha prometido a los que lo aman. 13Nadie debe decir, cuando es tentado, que es Dios el que lo tienta. Porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tampoco tienta a nadie. 14Al contrario, cada uno es tentado por sus propios malos deseos que lo arrastran y seducen. 15Los malos deseos dan a luz el pecado. Después, cuando el pecado se desarrolla completamente, da a luz la muerte. 16Mis queridos hermanos, no se engañen. 17De lo alto nos viene todo lo bueno y perfecto. Allí es donde está el Padre que creó todos los astros del cielo, y que no cambia como las sombras. 18Él quiso darnos vida por medio de la palabra de verdad, para que fuéramos los primeros frutos de su creación. 19Mis queridos hermanos, pongan atención: Todos ustedes deben estar listos para escuchar, pero deben ser lentos para hablar y para enojarse. 20Porque el enojo no deja a la gente vivir con justicia como Dios quiere. 21Por eso, despójense de toda suciedad y de la maldad que tanto abunda. De esa manera podrán recibir con humildad la palabra sembrada en ustedes. Esta palabra tiene poder para salvarles la vida. 22Pongan en práctica la palabra y no se limiten a sólo escucharla pues de otra manera se engañan ustedes mismos. 23El que escucha la palabra pero no la pone en práctica es como el que mira su cara en un espejo 24y, en cuanto se va, se olvida de cómo era. 25Pero el que pone su atención en la ley perfecta que da libertad, y sigue en ella sin olvidar lo que ha oído y hace lo que ella dice, será dichoso en lo que hace. 26Si alguien se cree religioso pero no controla su lengua, se engaña a sí mismo, y su religión no sirve para nada. 27La religión pura y sin mancha que a Dios le agrada es esta: ayudar a los huérfanos y a las viudas en sus problemas, y estar siempre limpio sin mancharse con la maldad del mundo.

Ora por ellos

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