“¡Oh Dios, escucha mi clamor! ¡Atiende a mi plegaria! Desde los confines de la tierra, clamo a ti pidiendo auxilio pues mi corazón desfallece; llévame a una roca donde esté yo a salvo. Porque tú eres mi refugio, alta torre en donde mis enemigos jamás podrán tocarme. Por siempre moraré en tu santuario. ¡Seguro bajo el amparo de tus alas!”
El salmista clama desde lejos con el corazón desfallecido y pide que lo lleven a una roca más alta que él. A Dios se le llama refugio y torre fuerte.

