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Guía por tema · 14 versículos

Versículos de la Biblia sobre Servir a los demás

Jesús puso la grandeza de cabeza: el que dirige es el que sirve. Servir no es un talento de unos pocos, sino la forma normal de una vida que lo sigue a él. Puede ser tan pequeño como un gesto amable en silencio o tan exigente como años de cuidado fiel. Estos pasajes muestran el ejemplo del propio Jesús, la libertad que vuelve alegre el servicio en lugar de forzado, y los lugares cotidianos donde sucede, desde la familia de la iglesia hasta el desconocido que necesita ayuda. Tómalos como una invitación a mirar a tu alrededor hoy.

Jesús, el rey que sirve

“Por eso, Jesús los llamó y les dijo:―Como saben, los que se consideran jefes de las naciones oprimen a su gente, y los grandes abusan de su autoridad. Pero entre ustedes debe ser diferente. El que quiera ser superior debe servir a los demás. Y el que quiera estar por encima de los otros debe ser esclavo de los demás. Así debe ser, porque el Hijo del hombre no vino para que le sirvan, sino para servir a los demás y entregar su vida en rescate por muchos.”

Jesús contrasta la forma en que los gobernantes imponen su autoridad con la manera en que han de vivir sus seguidores, y presenta su propia misión como entregar la vida por muchos.

“La fiesta de la Pascua se acercaba. Jesús sabía que había llegado la hora de dejar este mundo para reunirse con el Padre. Él había amado a los suyos que estaban en el mundo, y los amó hasta el fin. Antes de llegar la hora de la cena, el diablo ya había hecho que Judas Iscariote se decidiera a traicionar a Jesús. Jesús sabía que el Padre le había dado autoridad sobre todas las cosas, y que él había venido de Dios y a Dios iba a regresar, así que se levantó de la mesa, se quitó el manto y se ató una toalla a la cintura. Luego echó agua en un recipiente y se puso a lavarles los pies a sus discípulos y a secárselos con la toalla. Cuando llegó a Simón Pedro, este le dijo: ―Señor, ¿vas tú a lavarme los pies a mí? Jesús le respondió:―Ahora no entiendes por qué lo hago, pero más tarde lo entenderás. Pedro dijo: ―¡No! ¡Jamás dejaré que me laves los pies! Jesús le respondió:―Si no te los lavo, no serás uno de los míos. Simón Pedro le dijo: ―¡Señor, entonces no sólo los pies sino también las manos y la cabeza! Jesús le contestó:―El que está recién bañado no necesita lavarse más que los pies, pues está completamente limpio. Y ustedes están limpios, aunque no todos. Jesús sabía quién lo iba a traicionar, y por eso dijo que no todos estaban limpios. Después de lavarles los pies, se puso el manto y otra vez se sentó. Entonces les preguntó:―¿Entienden ustedes lo que les he hecho? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen la verdad porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros. Yo les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo he hecho con ustedes. Les aseguro que ningún sirviente es más que su amo, y ningún mensajero es más que el que lo envió. Si entienden esto y lo hacen serán dichosos.”

La noche antes de la cruz, Jesús lava los pies de sus discípulos, tarea propia de un esclavo, y les dice que hagan lo mismo unos con otros. El amor aparece con una toalla.

“No hagan nada por egoísmo o vanidad. Más bien, hagan todo con humildad, considerando a los demás como mejores que ustedes mismos. Cada uno debe buscar no sólo su propio bien, sino también el bien de los demás. La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús: aunque él era igual a Dios, no consideró esa igualdad como algo a qué aferrarse. Al contrario, por su propia voluntad se rebajó, tomó la naturaleza de esclavo y de esa manera se hizo semejante a los seres humanos. Al hacerse hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte en la cruz!”

Pablo pide a los creyentes que pongan a los demás por delante de sí mismos y señala a Cristo, quien dejó a un lado sus derechos y tomó forma de siervo, hasta la muerte.

“Y empezaron a discutir sobre cuál de ellos sería el más importante. Jesús les dijo:―Los reyes de las naciones son unos tiranos con sus súbditos. Y aun así, ellos dicen de sí mismos que le hacen bien a la gente. Pero entre ustedes no debe ser así. El más importante debe comportarse como el menor, y el que manda como el que sirve. Porque, ¿quién es más importante?, ¿el que está sentado a la mesa o el que sirve? ¿No es el que está sentado a la mesa? Sin embargo, yo estoy entre ustedes como el que sirve.”

Incluso en la última cena los discípulos discuten sobre quién es el mayor. Jesús responde diciendo que está entre ellos como el que sirve.

La libertad que se vuelve amor

“Les hablo así, hermanos, porque ustedes fueron llamados a ser libres. Pero no usen esa libertad para dar rienda suelta a sus pasiones. Más bien sírvanse unos a otros con amor. Toda la ley se resume en este mandamiento: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo».”

Pablo dice que la libertad en Cristo no es permiso para el egoísmo, sino un motivo para servirse unos a otros por amor, que resume toda la ley.

“Cada uno de ustedes ha recibido algún don de Dios; úsenlo para servir a los demás. Sean fieles administradores de los diferentes dones de Dios. El que habla, que lo haga como el que habla las palabras mismas de Dios. El que presta algún servicio, que lo haga como el que tiene la fuerza de Dios para hacerlo. Así, en todo lo que ustedes hagan, Dios será alabado por medio de Jesucristo, a quien le pertenece la gloria y el poder para siempre. Amén.”

Todo creyente ha recibido algún don, y Pedro dice que es para usarlo en favor de otros como un administrador fiel de la gracia variada de Dios.

“A cada persona, Dios le ha concedido, en su bondad, el don de realizar cierta tarea. Así que si Dios te ha dado el don de profetizar, ejercítalo de acuerdo con la proporción de la fe que posees. Si tienes el don de servir a los demás, sirve bien; si eres maestro, sé un buen maestro; si tienes el don de animar a otros, anímalos; si Dios te ha puesto para ayudar a los necesitados, hazlo generosamente; si Dios te ha concedido ser líder, dirige con mucha dedicación; y si tienes el don de mostrar compasión, hazlo con alegría.”

Pablo menciona dones como enseñar, animar, dar y mostrar misericordia, e insta a cada uno a ejercer el suyo con empeño y alegría.

“Hagan lo que hagan, háganlo bien, como si en vez de estar trabajando para amos terrenales estuvieran trabajando para el Señor. Recuerden que el Señor Jesucristo les dará la parte que les corresponde, pues él es el Señor a quien en realidad sirven ustedes.”

El trabajo común y las tareas que nadie ve se vuelven servicio cuando se hacen de corazón para el Señor, quien da la verdadera recompensa.

Servir al necesitado y a la iglesia

“»Cuando yo, el Hijo del hombre, venga en todo mi esplendor junto con los ángeles, me sentaré en mi trono de gloria y las naciones se reunirán delante de mí. Y las separaré como el pastor separa las ovejas de los cabritos. A mis ovejas las pondré a la mano derecha; a los cabritos, a la izquierda. »Entonces yo, el Rey, diré a los de mi derecha: “Vengan, benditos de mi Padre. Entren al reino que está preparado para ustedes desde la fundación del mundo, porque tuve hambre y me dieron de comer; tuve sed y me dieron de beber; fui forastero y me alojaron en sus casas; estuve desnudo y me vistieron; enfermo y en prisión, y me visitaron”. »Y los justos me preguntarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero y te alojamos en casa, o desnudo y te vestimos? ¿Y cuándo te vimos enfermo o en prisión y te visitamos?”. »Yo, el Rey, les responderé: “Todo lo que hicieron a mis hermanos necesitados a mí me lo hicieron”.”

Jesús dice que dar de comer al hambriento, acoger al extranjero y visitar al enfermo y al preso es hacérselo a él. Servir al más pequeño es servir a Cristo mismo.

“Al morir por nosotros, Cristo nos demostró lo que es el amor. Nosotros también debemos dar la vida por nuestros hermanos. Pero si alguien está bien económicamente y no ayuda a su hermano que está en necesidad, ¿cómo puede haber amor de Dios en él? Hijitos míos, que nuestro amor no sea sólo de palabra ni de labios para afuera, sino que amemos de veras y demostrémoslo con hechos.”

Juan dice que el amor se mide por Cristo entregando su vida, y debe verse en hechos y en compartir lo que tenemos, no solo en palabras.

“Pero con la rápida multiplicación de los creyentes, empezaron las murmuraciones. Los que sólo hablaban griego se quejaban contra los de habla aramea, de que sus viudas sufrían discriminación en la distribución diaria de los alimentos. Para solucionar el problema, los doce convocaron a todos los creyentes a una reunión, y les dijeron: ―Nosotros debemos dedicarnos a predicar y no a administrar el programa de alimentación. Por lo tanto, hermanos, seleccionen de entre ustedes a siete hombres sabios, llenos del Espíritu Santo y que gocen de buena reputación, y pongámoslos al frente de este trabajo. Así podremos nosotros dedicarnos a orar y a proclamar la Palabra. La asamblea en pleno aprobó la recomendación. Eligieron a Esteban, varón lleno de fe y del Espíritu Santo, y también a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, un converso de Antioquía. Presentaron entonces a estos siete ante los apóstoles, quienes oraron poniendo las manos sobre ellos. El mensaje de Dios se seguía extendiendo y el número de los discípulos aumentaba enormemente en Jerusalén, donde muchos de los sacerdotes judíos obedecían a la fe.”

Cuando se descuidaba a las viudas, la iglesia primitiva apartó a personas para encargarse del reparto diario de alimento, tratando el servicio práctico como verdadero ministerio.

“Jesús y sus discípulos continuaron su viaje y entraron en un pueblo. Allí, una mujer llamada Marta los recibió en su casa. Ella tenía una hermana llamada María, que se sentó a los pies del Señor a escucharlo. Marta estaba preocupada, pues tenía mucho que hacer. Entonces se acercó a Jesús y le dijo: ―Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sirviendo sola? Dile que me ayude. Jesús le contestó:―Marta, Marta, te preocupas demasiado por muchas cosas. Pero sólo una es necesaria. María ha escogido la mejor, y nadie se la va a quitar.”

Marta sirve con generosidad pero se siente agotada y dispersa, y Jesús le dice con ternura que sentarse a sus pies es lo primero. El servicio fluye mejor desde la escucha.

“Así que no nos cansemos de hacer el bien, porque si lo hacemos sin desmayar, a su debido tiempo recogeremos la cosecha. Por lo tanto, hagamos el bien a todos cada vez que se presente la oportunidad, y especialmente a los que, por la fe, son de la familia.”

Pablo anima a los creyentes a no cansarse de hacer el bien, sobre todo a la familia de la fe, porque a su tiempo llegará la cosecha.

“Dios no es injusto. ¿Cómo podría él olvidar el ardor con que ustedes han trabajado o el amor que le han demostrado y le siguen demostrando al ayudar a los del pueblo santo?”

Dios no olvida la obra y el amor mostrados al servir a su pueblo. Nada hecho en su nombre pasa inadvertido, aunque nadie más lo note.

Una oración breve

Señor Jesús, tú viniste a servir y no a ser servido. Abre mis ojos a las necesidades que tengo cerca hoy y dame un corazón humilde y manos dispuestas.

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