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Sobre este capítuloJuan se maravilla de que el Padre nos haya dado tal amor que nos llame hijos de Dios, y de que cuando Cristo aparezca seremos semejantes a él. Todo el que tiene esta esperanza se purifica. El pecado es infracción de la ley, y Cristo apareció para quitar los pecados y deshacer las obras del diablo, por lo que quien es nacido de Dios no practica el pecado como costumbre. Los hijos de Dios se distinguen por la justicia y el amor, a diferencia de Caín, que mató a su hermano. El amor se mide por Cristo que dio su vida por nosotros, así que debemos compartir con el necesitado y amar de hecho y en verdad, no solo de palabra. Si nuestro corazón nos condena, Dios es mayor que nuestro corazón, y guardamos sus mandamientos de creer en Jesús y amarnos.

Juan se maravilla de que el Padre nos haya dado tal amor que nos llame hijos de Dios, y de que cuando Cristo aparezca seremos semejantes a él. Todo el que tiene esta esperanza se purifica. El pecado es infracción de la ley, y Cristo apareció para quitar los pecados y deshacer las obras del diablo, por lo que quien es nacido de Dios no practica el pecado como costumbre. Los hijos de Dios se distinguen por la justicia y el amor, a diferencia de Caín, que mató a su hermano. El amor se mide por Cristo que dio su vida por nosotros, así que debemos compartir con el necesitado y amar de hecho y en verdad, no solo de palabra. Si nuestro corazón nos condena, Dios es mayor que nuestro corazón, y guardamos sus mandamientos de creer en Jesús y amarnos.

Temas

  • Hijos de Dios
  • Amor en acción
  • Confianza ante Dios

Versículos clave

Biblia en audio · 1 Juan 3

Escucha mientras haces tus cosas.

1 Juan 3

Nueva Biblia Viva24 versículos · 3 min de lectura

Nueva Biblia Viva © Biblica, Inc. — CC BY-SA 4.0

1Miren cuánto nos ama el Padre que somos llamados hijos de Dios. ¡Y de veras lo somos! Como la mayoría de la gente no conoce a Dios, tampoco reconoce lo que somos. 2Sí, amados míos, ahora somos hijos de Dios, y no podemos ni siquiera imaginarnos lo que vamos a ser después. Pero de algo estamos ciertos: que cuando él venga seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como es. 3El que espera esto se purifica, como Cristo es puro. 4El que comete pecados rompe la ley de Dios, porque el pecado es quebrantar la ley divina. 5Además, ustedes saben que Jesús se hizo hombre para quitar nuestros pecados y que él jamás cometió pecado. 6El que permanece cerca de él no practica el pecado; pero el que vive entregado al pecado nunca lo ha visto ni conocido. 7Hijitos, no se dejen engañar: el que practica la justicia es justo, como Jesús es justo. 8El que practica el pecado pertenece al diablo, porque el diablo comenzó a pecar desde el principio. Pero el Hijo de Dios vino a destruir las obras del diablo. 9El que ha nacido de Dios no practica el pecado, porque la vida de Dios está en él; no puede vivir entregado al pecado porque ha nacido de Dios. 10Uno puede saber quién es hijo de Dios y quién es hijo del diablo. El que no practica la justicia ni ama a su hermano demuestra que no es hijo de Dios. 11Desde el principio se nos ha enseñado que debemos amarnos unos a otros. 12No seamos como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Por qué lo mató? Pues porque Caín hacía lo que es malo y su hermano lo que es justo. 13Así que, hermanos, no les extrañe que el mundo los aborrezca. 14Si amamos a los demás hermanos, hemos pasado de la muerte a la vida. El que no ama a los demás está muerto. 15El que aborrece a su hermano es un asesino; y ustedes saben que ningún asesino tiene vida eterna. 16Al morir por nosotros, Cristo nos demostró lo que es el amor. Nosotros también debemos dar la vida por nuestros hermanos. 17Pero si alguien está bien económicamente y no ayuda a su hermano que está en necesidad, ¿cómo puede haber amor de Dios en él? 18Hijitos míos, que nuestro amor no sea sólo de palabra ni de labios para afuera, sino que amemos de veras y demostrémoslo con hechos. 19Así sabremos a ciencia cierta que somos de la verdad y nos sentiremos seguros ante la presencia de Dios. 20Y aunque la conciencia nos acuse, Dios es más grande que nuestro corazón y él sabe todas las cosas. 21Pero, amados míos, si nuestro corazón no nos acusa, podemos estar confiados ante Dios, 22y cualquier cosa que le pidamos la recibiremos, porque obedecemos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada. 23Su mandamiento es que creamos en Jesucristo su Hijo y que nos amemos unos a otros, como lo mandó. 24El que obedece a Dios vive con Dios y Dios vive en él. Y sabemos que Dios vive en nosotros por el Espíritu Santo que él nos dio.
Versículos de 1 Juan 3

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