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Acerca de este libro: Jueces

Jueces abarca unos dos siglos entre Josué y los primeros reyes, cuando Israel ya habitaba la tierra pero olvidaba una y otra vez al Dios que se la dio. El ciclo se repite: el pueblo se vuelve a los dioses de sus vecinos, opresores extranjeros lo dominan, clama por ayuda y Dios levanta a un libertador, llamado juez, que lo rescata. Otoniel, Aod, Débora, Gedeón, Jefté y Sansón son líderes con defectos, y el libro no oculta sus fallas. El liderazgo de Débora y el pequeño ejército de Gedeón muestran a Dios obrando por medio de personas improbables. Conforme avanza, los ciclos se vuelven más oscuros y terminan en violencia, idolatría y guerra civil. Su estribillo final, que no había rey y cada quien hacía lo que le parecía bien, prepara la necesidad de un líder mejor. Los cristianos leen el libro como un retrato sobrio de la deriva humana y de la paciente misericordia de Dios, y difieren en cómo entender sus episodios más duros.

Autor
Desconocido; la tradición judía menciona a Samuel, y muchos eruditos ven a un editor posterior que dio forma a relatos más antiguos.
Fecha
Los hechos abarcan aproximadamente de 1350 a 1050 a. C., y los eruditos sitúan la redacción durante o después de la monarquía temprana.
Destinatarios
Israel, que reflexiona sobre su historia y sobre por qué necesitaba un liderazgo fiel bajo Dios.

Temas

El ciclo de pecado y rescateLa misericordia de Dios con un pueblo que fallaLíderes imperfectos, Dios fielEl costo de que cada quien haga lo que le pareceLa necesidad de un rey verdadero

Esquema

  1. 1:1–3:6Conquista incompleta y el patrón del libro
  2. 3:7–5:31Otoniel, Aod y Débora
  3. 6:1–8:35Gedeón y el pequeño ejército
  4. 9:1–12:15Abimelec, Jefté y los jueces menores
  5. 13:1–16:31Sansón
  6. 17:1–21:25Idolatría y guerra civil

Versículos clave

Sobre este capítuloTras la muerte de Josué, Judá y Simeón suben contra los cananeos, y Judá captura ciudades como Jerusalén, Hebrón y Debir, con la ayuda del Señor. Aparecen de nuevo Caleb y Otoniel. Pero el resto del capítulo es una lista de fracasos: Benjamín, Manasés, Efraín, Zabulón, Aser, Neftalí y Dan no logran expulsar a los habitantes, que permanecen entre ellos y son sometidos a trabajos forzados en lugar de ser removidos. El libro abre con un lento deslizamiento de la obediencia plena al compromiso, explicando por qué comenzaron los problemas posteriores de Israel.

Tras la muerte de Josué, Judá y Simeón suben contra los cananeos, y Judá captura ciudades como Jerusalén, Hebrón y Debir, con la ayuda del Señor. Aparecen de nuevo Caleb y Otoniel. Pero el resto del capítulo es una lista de fracasos: Benjamín, Manasés, Efraín, Zabulón, Aser, Neftalí y Dan no logran expulsar a los habitantes, que permanecen entre ellos y son sometidos a trabajos forzados en lugar de ser removidos. El libro abre con un lento deslizamiento de la obediencia plena al compromiso, explicando por qué comenzaron los problemas posteriores de Israel.

Temas

  • Judá lidera
  • Conquista incompleta
  • Comienza el compromiso

Versículos clave

Biblia en audio · Jueces 1

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Jueces 1

Nueva Biblia Viva33 versículos · 4 min de lectura

Nueva Biblia Viva © Biblica, Inc. — CC BY-SA 4.0

1Después de la muerte de Josué, la gente de Israel se presentó delante del Señor para pedirle instrucciones. ―¿Cuál de las tribus será la primera en salir a pelear contra los cananeos? —preguntaron. 2La respuesta de Dios fue la siguiente: ―Judá. Y yo le daré una gran victoria. 3Sin embargo, los jefes de la tribu de Judá pidieron ayuda a la tribu de Simeón: «Ayúdennos a desalojar a los habitantes del territorio que se nos asignó —dijeron—, y luego nosotros los ayudaremos a ustedes en su conquista». Así pues, la gente de Simeón acompañó a la de Judá. 4Y el Señor les ayudó a derrotar a los cananeos y a los fereceos, de modo que diez mil enemigos fueron muertos en Bézec. El rey Adoní Bézec huyó, pero los israelitas lo persiguieron y lo capturaron y le cortaron los pulgares de las manos y de los pies. 7«Setenta reyes sin pulgares en las manos y los pies recogían migajas debajo de mi mesa» —dijo Adoní Bézec—. Ahora el Señor me ha pagado con lo mismo. Después lo llevaron a Jerusalén y allí murió. 8Judá había conquistado Jerusalén y había dado muerte a todos sus habitantes, prendiendo fuego a la ciudad. 9Después luchó contra los cananeos en la región montañosa del Neguev y en las llanuras de la costa. 10Enseguida Judá marchó contra los cananeos en Hebrón, (anteriormente se llamaba Quiriat Arbá) y destruyó las ciudades de Sesay, Ajimán y Talmay. 11Después marchó contra la ciudad de Debir (llamada anteriormente Quiriat Séfer). 12Y Caleb prometió lo siguiente: «¿Quién dirigirá el ataque contra Debir? A quienquiera que la conquiste le daré mi hija Acsa por esposa». 13Otoniel, sobrino de Caleb, hijo de Quenaz el hermano de Caleb, se ofreció para dirigir el ataque, y conquistó la ciudad y obtuvo a Acsa por esposa. 14Un instante antes de salir hacia su nuevo hogar él la persuadió que solicitara de su padre un pedazo adicional de tierra. Ella se desmontó del burro. ―¿Qué quieres? —le preguntó Caleb. 15Ella le dijo: ―Quiero pedirte algo: ya que me has dado tierras en el Néguev, dame también fuentes de agua. Entonces Caleb le dio las fuentes de arriba y de abajo. 16Cuando la tribu de Judá entró en su nueva tierra en el desierto del Neguev al sur de Arad, los descendientes del suegro de Moisés, miembros de la tribu de los ceneos, lo acompañaron. Dejaron sus hogares en Jericó, la ciudad de las palmeras, y a partir de entonces las dos tribus vivieron juntas. 17Después, Judá se unió a Simeón para enfrentarse a los cananeos en la ciudad de Sefat, y dieron muerte a todo el pueblo. Por eso ahora la ciudad es llamada Jormá (Matanza). 18Judá conquistó además las ciudades de Gaza, Ascalón y Ecrón, con todos sus pueblos circunvecinos. 19El Señor ayudó a la tribu de Judá a expulsar a los habitantes de la región montañosa, pero no pudieron conquistar a los del valle, porque estos tenían carros de hierro. 20La ciudad de Hebrón fue dada a Caleb como el Señor había prometido, y Caleb expulsó a todos sus habitantes, que eran descendientes de los tres hijos de Anac. 21La tribu de Benjamín no expulsó a los jebuseos que vivían en Jerusalén, de modo que allí viven todavía, mezclados con los israelitas. 22Por su parte los descendientes de José atacaron la ciudad de Betel, antes conocida como Luz, y el Señor estuvo con ellos. Primero enviaron exploradores, 24los que capturaron a un hombre que salía de la ciudad y prometieron salvarle la vida y la de su familia si les mostraba cómo entrar en la ciudad. 25Él les mostró la entrada y ellos exterminaron a toda la población perdonando la vida de este hombre y la de su familia. 26Más tarde este hombre se fue a Siria y fundó una ciudad también llamada Luz, nombre con que se conoce todavía. 27La tribu de Manasés tampoco expulsó a la gente que vivía en Betseán, Tanac, Dor, Ibleam y Meguido, con sus pueblos circunvecinos, de modo que los cananeos permanecieron allí. 28Años más tarde, cuando los israelitas fueron más fuertes, dominaron a los cananeos y los obligaron a trabajos forzados, pero jamás los expulsaron del territorio. 29Lo mismo ocurrió con los cananeos que vivían en Guézer. Ellos todavía viven en medio de la tribu de Efraín. 30La tribu de Zabulón no dio muerte a los habitantes de Quitrón y Nalol, sino que los hizo esclavos. 31La tribu de Aser tampoco expulsó a los residentes de Aco, Sidón, Ajlab, Aczib, Jelba, Afec y Rejob. 32De modo que los israelitas todavía viven con los cananeos que eran el pueblo original de aquella tierra. 33La tribu de Neftalí no expulsó al pueblo de Bet Semes y de Bet Anat, de modo que ellos siguen viviendo allí, pero en calidad de siervos. 34En cuanto a la tribu de Dan, los amorreos los obligaron a establecerse en las montañas y no los dejaron descender al valle. 35Pero más tarde, cuando los amorreos se esparcieron por el monte Heres, en Ayalón y Salbín, la tribu de José los venció y los hizo esclavos. 36Los límites de los amorreos comienzan en la subida del Paso del Escorpión, siguen hasta un punto llamado Acrabim (La Roca), y de allí a Selá y hacia las montañas.
Versículos de Jueces 1

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