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Lugares de la Biblia · Mesopotamia · 4 min de lectura

¿Qué pasó en Babilonia en la Biblia?

La gran ciudad junto al Éufrates ligada a la torre de Babel, cuyo rey Nabucodonosor destruyó Jerusalén y llevó a Judá al exilio donde Daniel sirvió y los salmistas lloraron.

Dónde queda

Mapa del Mediterráneo oriental y el Cercano Oriente con Babilonia marcadoMar MediterráneoMar RojoBabilonia
Hoy
Las ruinas de Babilonia junto al Éufrates, cerca de la ciudad de Hilla, a unos 85 km al sur de Bagdad, en Irak
También llamado
Babel; la tierra de Sinar; capital de los caldeos
En la Biblia
Antiguo y Nuevo Testamento
Ubicación aproximada
32,54° N, 44,42° E · Irak

Qué era Babilonia

Babilonia estaba junto al río Éufrates, en el sur de Mesopotamia, en lo que hoy es Irak. Ya era antigua en tiempos de Abraham; fue famosa con Hammurabi hacia el siglo XVIII a. C. y llegó a su mayor esplendor con Nabucodonosor II, que reinó del 605 al 562 a. C. En su tiempo era una de las ciudades más grandes del mundo: murallas dobles, una avenida de procesiones adornada con leones de ladrillo vidriado, palacios y una enorme torre escalonada, o zigurat, dedicada a su dios Marduk.

En la Biblia, Babilonia es más que una ciudad. Es el lugar donde el orgullo humano quiso llegar al cielo, el imperio que acabó con el reino de Judá, la tierra del exilio y, al final, el nombre de todo poder soberbio que se levanta contra Dios.

Qué pasó ahí

La historia empieza en Babel, en la tierra de Sinar, donde la gente quiso construir una ciudad y una torre para hacerse un nombre, y Dios los dispersó y confundió su idioma (Génesis 11:1). En hebreo, Babel y la palabra confundir suenan parecido.

Siglos después, unos enviados de Babilonia visitaron al rey Ezequías, que les mostró con orgullo todos sus tesoros; Isaías le advirtió que un día todo sería llevado a Babilonia (2 Reyes 20:16). La advertencia se cumplió. Nabucodonosor tomó Jerusalén en el 597 a. C. y deportó al rey Joaquín junto con los nobles y los artesanos (2 Reyes 24:10); tras una rebelión regresó, y en el 586 a. C. su ejército quemó el templo y la ciudad (2 Reyes 25:8).

Los desterrados vivieron junto a los canales de Babilonia. Allí Ezequiel tuvo sus visiones junto al río Quebar (Ezequiel 1:1), y allí un salmista recordó cómo se sentaban junto a los ríos, demasiado tristes para cantar los cantos de Sion (Salmos 137:1). Jeremías les escribió una carta sorprendente: construyan casas, planten huertos, formen familias y busquen el bien de la ciudad adonde Dios los llevó, porque él todavía tenía planes para ellos (Jeremías 29:4, Jeremías 29:10).

Daniel y sus amigos fueron preparados en la corte de Nabucodonosor y se mantuvieron fieles a Dios en un palacio extranjero (Daniel 1:3). El libro de Daniel cuenta del horno de fuego, de la humillación del rey, de la escritura en la pared durante el banquete de Belsasar y del foso de los leones. Luego, en el 539 a. C., Babilonia cayó ante Ciro de Persia, quien permitió que los desterrados volvieran a su tierra y reconstruyeran el templo (Esdras 1:1).

Babilonia en el Nuevo Testamento

En tiempos de los apóstoles, Babilonia era ya un pueblo en decadencia, pero su nombre seguía vivo como símbolo. Pedro manda saludos de parte de la iglesia que está en Babilonia (1 Pedro 5:13), y la mayoría de los intérpretes, antiguos y modernos, lo entiende como un nombre en clave para Roma. En Apocalipsis, la gran Babilonia es una ciudad embriagada de riqueza, lujo y la sangre de los santos, y su caída repentina se anuncia con un grito de juicio (Apocalipsis 18:2). Los cristianos leen estos capítulos de distintas maneras, pero todos ven en ellos la misma verdad: ningún imperio que se exalta contra Dios va a durar.

Qué dice la arqueología

Entre 1899 y 1917, el arqueólogo alemán Robert Koldewey excavó Babilonia para la Sociedad Oriental Alemana. Sacó a la luz los palacios de Nabucodonosor, la avenida de las procesiones y la puerta de Ishtar, cuyos ladrillos azules vidriados fueron reconstruidos después en el Museo de Pérgamo de Berlín. Muchísimos ladrillos de la ciudad llevan estampado el nombre de Nabucodonosor, como el rey orgulloso de su Babilonia que retrata Daniel. También quedan los cimientos del gran zigurat; algunos lo relacionan con Babel, pero el relato de Génesis es mucho más antiguo que ese edificio y ningún hallazgo se vincula directamente con él.

De la zona del palacio salió un grupo de tablillas de raciones, publicadas en 1939, que registran el aceite asignado a Joaquín, rey de Judá, y a sus hijos, una coincidencia notable con 2 Reyes 25:27. Las Crónicas babilónicas, hoy en el Museo Británico, anotan que Nabucodonosor capturó la ciudad de Judá en su séptimo año y puso a un rey elegido por él, una fecha que corresponde a marzo del 597 a. C. Otros textos mencionan a Belsasar como hijo del rey Nabonido, gobernando en Babilonia mientras su padre estaba lejos, lo que ayuda a entender por qué a Daniel solo pudieron ofrecerle el tercer lugar del reino.

El Cilindro de Ciro, hallado en 1879, presenta a Ciro como un libertador que dejó volver a sus tierras a los pueblos deportados y a sus dioses. No menciona a los judíos ni a Jerusalén, así que no es una copia del decreto de Esdras, pero muestra una política que encaja bien con él.

Qué aprendemos de Babilonia

Babilonia muestra lo frágil que es la grandeza humana. La ciudad que parecía eterna hoy es un campo de ruinas, mientras que los desterrados que quiso absorber siguen cantándole a Dios. También enseña a vivir como creyente lejos de casa: Daniel sirvió a un rey pagano con capacidad y honradez, pero nunca se inclinó ante sus ídolos, y Jeremías pidió a los desterrados orar por la misma ciudad que los tenía cautivos.

Muchos creyentes hoy se sienten como desterrados en una cultura que no comparte su fe. La historia de Babilonia dice que Dios también está ahí, que la fidelidad es posible en cualquier lugar, y que la última palabra no la tienen los imperios, sino el Dios que lleva a su pueblo de regreso a casa.

Fuentes

  • Robert Koldewey, The Excavations at Babylon (Macmillan, 1914)
  • Joan Oates, Babylon (Thames & Hudson, revised edition 1986)
  • I. L. Finkel and M. J. Seymour (eds.), Babylon: Myth and Reality (British Museum Press, 2008)
  • A. K. Grayson, Assyrian and Babylonian Chronicles (J. J. Augustin, 1975)

Versículos clave

Salmos 137:1-4

Nueva Biblia Viva
“Llorando nos sentábamos junto a los ríos de Babilonia pensando en Sion. Hemos abandonado nuestras liras, colgadas de las ramas de los sauces. Allí, los que nos tenían cautivos nos exigían que cantáramos. Nuestros verdugos nos pedían un himno alegre, nos decían: «Cántennos uno de esos cantos de Sion». Pero ¿cómo cantaremos los himnos del Señor en una tierra extraña?”

Jeremías 29:4-7

Nueva Biblia Viva
“«El Señor de los ejércitos, el Dios de Israel, envía este mensaje a todos los cautivos que ha desterrado de Jerusalén a Babilonia: »Edifiquen casas y piensen en quedarse; planten viñas, porque se quedarán allí muchos años. Cásense y tengan hijos e hijas, y luego búsquenles consorte y tengan muchos nietos y nietas. ¡Multiplíquense! ¡No mermen! Y trabajen por la prosperidad y paz de Babilonia. Oren por ella, porque si Babilonia tiene paz, la tendrán ustedes.”

Esdras 1:1-4

Nueva Biblia Viva
“Durante el primer año del reinado del rey Ciro, de Persia, el Señor hizo que el rey promulgara un decreto, tanto de forma oral como por escrito, permitiendo que los cautivos de Judá pudieran regresar a su tierra. De esa manera el Señor cumplió lo que había dicho por medio del profeta Jeremías. Este decreto, que se dio a conocer en todo el imperio persa, decía: «Yo, Ciro, rey de Persia, declaro que el Señor, Dios del cielo, me dio este imperio y ha puesto sobre mí la responsabilidad de edificarle un templo en Jerusalén, en la tierra de Judá. Todos los judíos del reino pueden ahora volver a Jerusalén, para reedificar el templo del Señor, que es el Dios de Israel y de Jerusalén. Que su bendición esté sobre ustedes. Los judíos que no vayan deberán proporcionar vestido, transporte y provisiones para el viaje de quienes sí decidan ir; así como una ofrenda voluntaria para el templo de Dios que está en Jerusalén».”

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