Raquel. Raquel, la esposa amada de Jacob, murió al dar a luz a Benjamín en el camino a Efrata, y Jacob levantó una columna sobre su tumba (Génesis 35:16). Siglos después Jeremías la imaginó llorando por sus hijos llevados al destierro (Jeremías 31:15), y Mateo volvió a oír ese llanto cuando los soldados de Herodes mataron a los niños de Belén (Mateo 2:16).
Rut y Booz. En tiempos de los jueces, el hambre obligó a la familia de Noemí a salir de Belén rumbo a Moab. Ella volvió viuda, acompañada de su nuera moabita Rut, y todo el pueblo se alborotó al verlas llegar (Rut 1:19). En los campos de cebada de Booz, una viuda extranjera encontró bondad, un esposo y un lugar en la familia de la que saldría el rey más grande de Israel (Rut 4:13).
David. El bisnieto de Booz y Rut fue un pastorcito, el menor de los hijos de Isaí. Dios mandó a Samuel a Belén para ungirlo rey mientras sus hermanos mayores miraban (1 Samuel 16:11). Años después, escondido de los filisteos, David dijo en voz alta cuánto deseaba beber agua del pozo de Belén, y tres de sus valientes atravesaron el campamento enemigo para traérsela; él la derramó delante del Señor en lugar de tomar algo que les había costado tanto (2 Samuel 23:15).
La promesa de Miqueas. En el siglo VIII a. C., Miqueas anunció que de la pequeña Belén saldría un gobernante para Israel cuyos orígenes vienen desde tiempos antiguos (Miqueas 5:2).
El nacimiento de Jesús. Lucas cuenta que un censo romano llevó a José, descendiente de David, de Nazaret a Belén con María, y que ahí ella dio a luz y acostó a su hijo en un pesebre. Los pastores de los campos cercanos fueron los primeros en recibir la noticia (Lucas 2:8). Mateo habla de los sabios de oriente que llegaron preguntando por el rey recién nacido y fueron enviados a Belén por las palabras de Miqueas (Mateo 2:1).
“También José, que era descendiente del rey David, tuvo que ir de Nazaret, que era una ciudad de la región de Galilea, a Belén, que estaba en Judea. Esa era la ciudad de David,”