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Lugares de la Biblia · Egipto y Sinaí · 4 min de lectura

¿Dónde está el monte Sinaí y qué pasó ahí?

El monte donde Dios hizo su pacto con Israel y dio la ley por medio de Moisés, y donde después Elías lo escuchó en un susurro apacible; no se sabe con certeza dónde está.

Dónde queda

Mapa del Mediterráneo oriental y el Cercano Oriente con Monte Sinaí marcadoMar MediterráneoMar RojoMonte Sinaí
Hoy
Ubicación debatida; el punto marca Jebel Musa, en el sur de la península del Sinaí, el sitio tradicional junto al monasterio de Santa Catalina
También llamado
Horeb, el monte de Dios; tradicionalmente Jebel Musa (monte de Moisés)
En la Biblia
Antiguo y Nuevo Testamento
Ubicación aproximada
28,54° N, 33,98° E · Egipto (sitio tradicional)

Qué era el monte Sinaí

El monte Sinaí es el monte del desierto donde Israel se encontró con Dios. La Biblia también lo llama Horeb, y los dos nombres se refieren al mismo lugar: el monte de Dios donde Moisés vio por primera vez la zarza ardiendo mientras cuidaba ovejas (Éxodo 3:1), y al que después llevó a todo el pueblo al salir de Egipto.

Israel llegó ahí al tercer mes de haber salido de Egipto y acampó a sus pies casi un año (Éxodo 19:1, Números 10:11). Buena parte de la Torá, desde la mitad de Éxodo, todo Levítico y el comienzo de Números, sucede en ese mismo campamento. Más que un punto en el mapa, el Sinaí es el lugar donde Israel se convirtió en el pueblo del pacto.

Qué pasó ahí

En el Sinaí, Dios le recordó a Israel que lo había sacado de Egipto como sobre alas de águila, y lo invitó a ser su tesoro especial, un reino de sacerdotes y una nación santa, si guardaba su pacto (Éxodo 19:4). El monte estaba cubierto de humo y fuego, temblaba, y el sonido de la trompeta crecía hasta que el pueblo se estremeció. Entonces Dios pronunció los Diez Mandamientos.

“Dios le dijo al pueblo de Israel:”

Éxodo 20:1Nueva Biblia Viva

El pacto se selló con sacrificio y sangre, y Moisés, Aarón y los ancianos vieron al Dios de Israel y comieron y bebieron en su presencia (Éxodo 24:9). Luego Moisés pasó cuarenta días en el monte recibiendo las instrucciones para el tabernáculo, donde Dios habitaría en medio de su pueblo. Mientras tanto, abajo, el pueblo convenció a Aarón de hacer un becerro de oro (Éxodo 32:1). Moisés rompió las tablas, intercedió por el pueblo, y Dios renovó el pacto mostrándose compasivo, clemente, lento para la ira y lleno de amor fiel (Éxodo 34:5-6). Moisés bajó con el rostro resplandeciente (Éxodo 34:29).

Siglos después, Elías, agotado y huyendo de Jezabel, caminó cuarenta días hasta Horeb. Ahí Dios no estaba en el viento, ni en el terremoto, ni en el fuego, sino en un susurro suave y delicado, y desde ahí envió de vuelta a su profeta desanimado (1 Reyes 19:8).

El Nuevo Testamento recuerda el Sinaí. Esteban habla del ángel en la zarza y de las palabras de vida que Moisés recibió ahí (Hechos 7:30). Pablo usa el Sinaí como imagen del antiguo pacto (Gálatas 4:24), y Hebreos contrasta aquel monte que daba miedo con la reunión gozosa en el monte Sión por medio de Jesús (Hebreos 12:18).

Qué dice la arqueología

La respuesta honesta es que nadie sabe con certeza cuál monte fue el Sinaí, y la arqueología tiene muy poco que decir de forma directa. Un pueblo que vive en tiendas durante un año deja pocas huellas duraderas, y ninguna excavación ha identificado el campamento israelita en ninguno de los montes propuestos.

El sitio tradicional es Jebel Musa, un pico de granito de unos 2,285 metros en el sur de la península del Sinaí. Para el siglo IV ya vivían monjes cristianos al pie del monte; la peregrina Egeria contó que la guiaron hasta ahí en la década de 380, y el emperador Justiniano construyó en el siglo VI el monasterio fortificado que hoy se conoce como Santa Catalina. Es una tradición muy antigua, pero aun así posterior a Moisés por más de mil años.

Hay otras propuestas, y cristianos serios sostienen varias de ellas. Algunos señalan otros picos del sur del Sinaí, como Jebel Serbal. Otros miran al norte del Sinaí o al Néguev, en parte por los tiempos de viaje del itinerario bíblico; el arqueólogo Emmanuel Anati defendió Har Karkom. Otros ubican el Sinaí en el noroeste de Arabia, la tierra de Madián donde Moisés vivió con Jetro, y a veces citan la mención de Pablo del Sinaí en Arabia, aunque en su tiempo esa palabra también podía abarcar la región del Sinaí. El candidato árabe Jabal al-Lawz ha llamado mucho la atención del público, pero los hallazgos que se le atribuyen no han convencido a la mayoría de los arqueólogos.

La pregunta sigue realmente abierta. El mapa muestra el sitio tradicional porque es el que tiene la memoria cristiana más larga, no porque la evidencia resuelva el asunto.

Qué aprendemos del monte Sinaí

El orden de los hechos en el Sinaí importa. Dios primero rescató a Israel y después le dio la ley. Los mandamientos no eran una escalera para que unos esclavos salieran de Egipto; eran la forma de vivir de un pueblo que ya había sido liberado. La obediencia es una respuesta a la gracia, no una manera de ganarla.

El Sinaí también muestra que Dios es santo y cercano al mismo tiempo. El monte ardía y temblaba, pero ese mismo Dios comió con los ancianos, perdonó después del becerro de oro y decidió vivir en una tienda en medio de su pueblo. Y a Elías, el Dios del fuego le habló en un susurro. Ya sea que te sientas abrumado por su grandeza o demasiado cansado para seguir, el Sinaí te dice que él todavía habla, y todavía envía.

Fuentes

  • James K. Hoffmeier, Ancient Israel in Sinai: The Evidence for the Authenticity of the Wilderness Tradition (Oxford University Press, 2005)
  • Jerome Murphy-O'Connor, The Holy Land: An Oxford Archaeological Guide (Oxford University Press, 2008)
  • David Noel Freedman, ed., The Anchor Yale Bible Dictionary, entry Sinai, Mount (Doubleday, 1992)

Versículos clave

Éxodo 19:4-6

Nueva Biblia Viva
““Ustedes han visto lo que hice con los egipcios, y cómo los traje a ustedes con tanto cuidado, como cuando las águilas llevan sobre sus alas a sus polluelos. Ahora, pues, si oyen mi voz y guardan mi pacto, serán mi principal tesoro entre todas las naciones de la tierra, porque toda la tierra es mía. Y serán un reino de sacerdotes y gente santa”».”

Éxodo 20:1-17

Nueva Biblia Viva
“Dios le dijo al pueblo de Israel: «Yo soy el Señor tu Dios que te sacó de Egipto, donde eras esclavo. »No tendrás otros dioses además de mí. »No te harás ídolos ni imágenes de nada que esté en el cielo, en la tierra o en lo profundo del mar. No te inclinarás delante de ninguna imagen ni la adorarás, porque yo, el Señor tu Dios, soy muy celoso, y no compartiré con otros dioses la honra que me pertenece. Cuando castigo a alguien por sus pecados, el castigo alcanza a sus hijos, a sus nietos y a sus bisnietos. Pero derramo mi amor sobre millares de generaciones de los que me aman y obedecen mis mandamientos. »No usarás el nombre del Señor tu Dios en vano ni en forma irreverente. No dejaré sin castigo a quien se atreva a usar mi nombre sin el debido respeto. »Acuérdate de observar el día de reposo, es decir, el sábado, como día santo. Seis días de la semana son para los quehaceres cotidianos y el trabajo regular. Pero el séptimo día es día de reposo delante del Señor tu Dios. Ese día no harán trabajo de ninguna clase tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tus esclavos, ni tus huéspedes, ni tus animales, porque en seis días hizo el Señor los cielos, la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay, y reposó el séptimo día. Por eso bendijo el día de reposo y lo santificó. »Honra a tu padre y a tu madre, para que tengas una vida larga y buena en la tierra que el Señor tu Dios te da. »No matarás. »No cometerás adulterio. »No robarás. »No darás un testimonio falso en contra de tu prójimo. »No codiciarás la casa de tu prójimo: no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su buey, ni su burro, ni ninguna otra cosa que le pertenezca».”

1 Reyes 19:11-13

Nueva Biblia Viva
“―Sal y ponte delante de mí, en la montaña, pues voy a pasar por aquí —le dijo el Señor. En ese momento, sopló un fuerte viento que azotó las montañas. Era tan terrible que hacía añicos las rocas y partía las montañas, pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento hubo un terremoto, pero el Señor no estaba en el terremoto. Y después del terremoto hubo fuego, pero el Señor no estaba en el fuego. Y después del fuego se oyó un susurro suave y apacible. Cuando Elías lo oyó, se cubrió el rostro con el manto, salió y estuvo parado a la entrada de la cueva. Y una voz le preguntó: ―¿Por qué estás aquí, Elías?”

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