“Dame sabiduría, para poder gobernar bien a tu pueblo y para tener un buen discernimiento de lo que es bueno o es malo. Porque, ¿quién con su propia capacidad puede cargar con una responsabilidad tan grande? El Señor miró con agrado esta petición, y se alegró de que Salomón hubiera pedido sabiduría. Por eso le respondió: ―Por cuanto has pedido sabiduría para gobernar a mi pueblo, y no has pedido una larga vida ni riquezas para ti, ni has pedido derrotar a tus enemigos, yo te daré lo que has pedido. Te daré una sabiduría como la que nadie ha tenido antes ni tendrá después.”
Cuando se le ofrece lo que desee, el joven Salomón pide un corazón que escuche para distinguir el bien del mal, y a Dios le agrada dárselo.

