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Acerca de este libro: 1 Reyes

Primer libro de Reyes lleva la historia de Israel desde los últimos días de David hasta el largo declive del reino dividido. Salomón hereda el trono, le pide sabiduría a Dios y edifica el templo en Jerusalén, y por un tiempo la nación prospera en paz. Pero sus matrimonios y su corazón dividido lo inclinan hacia otros dioses, y tras su muerte el reino se parte en dos: Judá, en el sur, bajo la línea de David, e Israel, en el norte, bajo una serie de gobernantes inestables. El autor mide a cada rey con una sola pregunta: si fue fiel al Señor. En la hora más oscura del norte, el profeta Elías se enfrenta al rey Acab, hace descender fuego en el monte Carmelo y encuentra a Dios en un susurro apacible después de huir con miedo. El libro es una mirada sobria a cómo el privilegio y el poder pueden desgastar la fidelidad, y a la paciencia de Dios con un pueblo que se desvía.

Autor
Desconocido; la tradición judía menciona a Jeremías, y muchos eruditos ven a un compilador que usó registros reales más antiguos.
Fecha
Los hechos abarcan aproximadamente de los años 970 a los 850 a. C.; los eruditos suelen ubicar la forma final durante el exilio babilónico o poco después.
Destinatarios
Israelitas en el exilio o después de él, que se preguntaban cómo el pueblo de Dios perdió la tierra y si las promesas a David seguían en pie.

Temas

La sabiduría y sus límitesLa presencia de Dios en el temploFidelidad e idolatríaLa voz del profeta

Esquema

  1. 1:1–2:46Los últimos días de David y el trono de Salomón
  2. 3:1–4:34La sabiduría y el gobierno de Salomón
  3. 5:1–8:66La construcción y dedicación del templo
  4. 9:1–11:43La gloria y el declive de Salomón
  5. 12:1–16:34El reino se divide
  6. 17:1–19:21Elías frente a Baal
  7. 20:1–22:53Los últimos años de Acab

Versículos clave

Sobre este capítuloCuando David envejece y se debilita, su hijo Adonías se proclama rey y reúne partidarios, entre ellos Joab y el sacerdote Abiatar, dejando fuera a Natán, Sadoc y Salomón. Natán y Betsabé van a David y le recuerdan su promesa de que Salomón reinaría. David ordena ungir a Salomón en Gihón y sentarlo en su propio trono, y la ciudad estalla en fiesta. Al oír el ruido, los invitados de Adonías se dispersan, y Adonías, asustado, se aferra al altar hasta que Salomón promete clemencia mientras se muestre leal. El capítulo muestra el traspaso del reino, con la intriga del palacio enfrentada por una acción rápida para asegurar la sucesión prometida.

Cuando David envejece y se debilita, su hijo Adonías se proclama rey y reúne partidarios, entre ellos Joab y el sacerdote Abiatar, dejando fuera a Natán, Sadoc y Salomón. Natán y Betsabé van a David y le recuerdan su promesa de que Salomón reinaría. David ordena ungir a Salomón en Gihón y sentarlo en su propio trono, y la ciudad estalla en fiesta. Al oír el ruido, los invitados de Adonías se dispersan, y Adonías, asustado, se aferra al altar hasta que Salomón promete clemencia mientras se muestre leal. El capítulo muestra el traspaso del reino, con la intriga del palacio enfrentada por una acción rápida para asegurar la sucesión prometida.

Temas

  • Sucesión del trono
  • Ambición e intriga
  • Promesa cumplida

Versículos clave

Biblia en audio · 1 Reyes 1

Escucha mientras haces tus cosas.

1 Reyes 1

Nueva Biblia Viva48 versículos · 7 min de lectura

Nueva Biblia Viva © Biblica, Inc. — CC BY-SA 4.0

1En su vejez, el rey David tenía que permanecer en cama, pues siempre tenía frío, a pesar de todas las frazadas con que se le abrigaba. 2Por eso, sus ayudantes dijeron: «Sería bueno buscar a una joven soltera para que acompañe y cuide al rey, y se acueste a su lado para darle calor». 3Ellos buscaron por todo Israel, de uno a otro extremo a fin de hallar a la muchacha más hermosa de todas. Abisag, de Sunem, fue la elegida. Así que la llevaron ante la presencia del rey, para que lo acompañara y cuidara. Pero el rey nunca tuvo relaciones sexuales con ella. 5En aquel tiempo, Adonías hijo de David y de Jaguit, decidió coronarse rey, en lugar de su anciano padre. Consiguió carros de guerra y soldados de caballería, y reclutó a cincuenta hombres para que le sirvieran de guardia personal. 6Su padre, el rey David, jamás lo había reprendido ni le había dado castigo alguno. Era un hombre muy apuesto, y menor que su hermano Absalón. 7Un día convenció al general Joab hijo de Sarvia, y al sacerdote Abiatar de que lo apoyaran en su pretensión de ser rey, y ellos estuvieron de acuerdo en ayudarle a apoderarse del reino. 8Sin embargo, no logró conseguir el apoyo del sacerdote Sadoc, ni de Benaías hijo de Joyadá, ni del profeta Natán, ni de Simí, ni de Reguí, ni de la guardia personal del rey David, pues todos ellos eran muy leales al rey. 9Adonías fue a Enroguel, donde ofreció sacrificios de ovejas, bueyes y becerros cebados en la peña de Zojélet. Luego convocó a todos sus hermanos, los demás hijos del rey David, y a todos los funcionarios reales de Judá. 10Pero no invitó al profeta Natán, ni a Benaías, ni a los valientes que habían peleado a lado del rey, ni a su hermano Salomón. 11Fue por eso que el profeta Natán visitó a Betsabé, madre de Salomón, y le preguntó: «¿No te has enterado de que Adonías, el hijo de Jaguit, se ha proclamado rey, y que nuestro señor David ni siquiera lo sabe? 12Si quieres salvar tu vida y la de tu hijo Salomón, haz lo que yo te diga. 13Ve inmediatamente a la presencia del rey David y pregúntale: “Señor mío, ¿no prometiste que mi hijo Salomón sería el nuevo rey y que él se sentaría en tu trono? Entonces, ¿por qué Adonías está reinando?”. 14Y mientras tú estés aún hablando con él, yo entraré y confirmaré todo lo que tú le hayas dicho». 15Entonces Betsabé entró al dormitorio del rey. David era muy anciano, razón por la cual lo cuidaba Abisag la sunamita. 16Betsabé se inclinó delante del rey, quien le preguntó: ―¿Qué quieres? 17Ella le respondió: ―Señor mío, usted me prometió por el Señor su Dios que mi hijo Salomón sería el próximo rey, y que se sentaría en su trono. 18Pero ahora me entero de que Adonías es el nuevo rey, y usted ni siquiera lo sabe. 19Él ha celebrado su coronación sacrificando bueyes, becerros y muchas ovejas, y ha invitado a todos los hijos del rey, y también al sacerdote Abiatar y al general Joab. Pero no invitó a Salomón, que ha sido un servidor muy fiel a usted. 20Y ahora, señor mío, rey mío, todo Israel espera saber su decisión, pues todos quieren que les diga quién va a reinar después de usted. 21Si no actúa a tiempo, entonces cuando usted muera, mi hijo Salomón y yo seremos arrestados y ejecutados como delincuentes. 22Mientras ella todavía estaba hablando, los siervos del rey le dijeron: ―El profeta Natán está aquí para verlo. Natán entró e hizo reverencias delante del rey, 24y le preguntó: ―Señor mío, ¿ha dicho usted que Adonías será el nuevo rey? ¿Es él a quien usted ha elegido para que se siente en su trono? 25Hoy él celebró su coronación sacrificando bueyes y becerros gordos, y ha invitado a los hijos del rey para que asistan a las festividades. Además, invitó al general Joab y al sacerdote Abiatar. Están festejando y bebiendo con él y gritando: “¡Viva el rey Adonías!”. 26Pero ni el sacerdote Sadoc, ni Benaías hijo de Joyadá, ni su hijo Salomón, que es muy fiel a usted, ni yo fuimos invitados. 27¿Ha sido hecho esto con su consentimiento? Porque usted no le ha dicho a este siervo suyo a cuál de sus hijos ha elegido para que lo suceda en el trono. 28―Llamen a Betsabé —dijo David. Entonces ella volvió a entrar y se paró delante del rey. 29Y el rey declaró: ―Juro por el Señor, quien vive y me ha rescatado de todo peligro, 30que tu hijo Salomón será el nuevo rey que se sentará en mi trono, tal como te lo prometí antes en el nombre del Señor, Dios de Israel. 31Betsabé hizo una profunda reverencia delante de él nuevamente y exclamó: ―¡Gracias, señor mío! ¡Quiera el Señor que el rey viva para siempre! 32―Llamen al sacerdote Sadoc, al profeta Natán y a Benaías hijo de Joyadá —ordenó el rey. 33Cuando ellos estuvieron presentes, les dijo: ―Lleven a Salomón y a los funcionarios de la corte a Guijón. Salomón cabalgará en mi propia mula, 34y el sacerdote Sadoc y el profeta Natán lo ungirán allí como rey de Israel. Luego hagan sonar las trompetas y aclamen: “¡Viva el rey Salomón!”. 35Cuando ustedes lo traigan de regreso, siéntenlo en mi trono como el nuevo rey. Porque yo lo he designado a él como rey de Israel y Judá. 36―¡Amén! Alabado sea Dios —contestó Benaías—. 37Quiera el Señor estar con Salomón como ha estado con usted, y quiera Dios que el reino de Salomón sea aún más grande que el del rey. 38Entonces el sacerdote Sadoc, el profeta Natán, Benaías y la guardia personal de David llevaron a Salomón a Guijón, cabalgando sobre la mula de David. 39En Guijón, Sadoc tomó el cuerno de aceite sagrado del santuario y lo derramó sobre Salomón. Luego hicieron sonar las trompetas, y todo el pueblo aclamó: «¡Viva el rey Salomón!». 40Todos regresaron con Salomón a Jerusalén, celebrando gozosamente y con mucho alboroto. 41Cuando Adonías y sus invitados estaban terminando su banquete, oyeron la conmoción y los gritos. ―¿Qué es lo que pasa? —preguntó Joab—. ¿Por qué hay tanto alboroto en la ciudad? 42Y mientras aún hablaba, Jonatán, el hijo del sacerdote Abiatar, llegó corriendo. ―¡Pasa! —le dijo Adonías—. Tú eres un buen hombre, y debes tener buenas noticias. 43―Nuestro señor, el rey David, ha proclamado como rey a Salomón —gritó Jonatán—. 44El rey lo envió a Guijón con el sacerdote Sadoc, el profeta Natán y Benaías, protegido por la misma guardia personal del rey. Salomón cabalgaba en la mula del rey. Sadoc y Natán lo han ungido como nuevo rey. Acaban de regresar, y toda la ciudad está celebrando y regocijándose por el hecho. A eso se debe todo este alboroto. 46Salomón está sentado en el trono, y todo el pueblo está felicitando al rey David y diciéndole: “¡Que Dios te bendiga aún más a través de Salomón, de lo que te ha bendecido personalmente! ¡Que Dios haga el reino de Salomón aún más grande que el del rey!”. Y David se inclinó en su cama 48y exclamó: “¡Bendito sea el Señor, Dios de Israel, que ha elegido a uno de mis hijos para sentarse en mi trono, mientras aún estoy vivo para verlo!”. 49Entonces Adonías y sus invitados se levantaron y huyeron aterrorizados. Sentían temor de perder la vida. Adonías entró corriendo en el santuario y se agarró de los cuernos del altar. 51Alguien fue y le dijo a Salomón: ―Adonías tiene mucho miedo y se ha refugiado en el santuario pidiendo clemencia, y ha dicho: “¡Quiero que el rey Salomón me jure hoy mismo, que no me mandará a matar!”. 52Entonces Salomón dijo: ―Si se comporta debidamente, no sufrirá ningún daño, pero si no, morirá. 53Entonces el rey Salomón lo hizo llamar, y ellos lo sacaron del altar y lo llevaron ante él. Adonías llegó y se inclinó delante del rey, y entonces Salomón le ordenó que se fuera a su casa.
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