La misericordia es lo que Dios hace cuando merecemos otra cosa, y lo que nos pide a nosotros cuando los demás la merecen menos. La Biblia vuelve a ella una y otra vez, desde las primeras descripciones del carácter de Dios en Israel hasta las parábolas de Jesús y las cartas de los apóstoles. Misericordia no es fingir que el mal no importa; es elegir la compasión en lugar de la venganza. Estos pasajes muestran quién es Dios como el misericordioso, cómo se ve la misericordia cuando la practicamos y cómo llega a los que sufren, a los culpables y a quienes nos han hecho daño.
“Yo, el Señor, muestro este amor firme a millares que reciben el perdón de sus pecados; pero no doy por inocente al culpable, y exijo que el pecado del padre sea castigado en los hijos, en los nietos y aun en generaciones posteriores.”
Dios se presenta a Moisés como compasivo, clemente, lento para la ira y rico en amor fiel. Este autorretrato se repite a lo largo del resto de la Escritura.
“El Señor es misericordioso y compasivo, es lento para enojarse y está lleno de amor. No nos acusa constantemente, ni permanece enojado para siempre. No nos ha castigado conforme a lo que merecemos por todos nuestros pecados, porque su misericordia para los que le temen es tan grande como la altura de los cielos sobre la tierra. Ha arrojado nuestros pecados tan lejos de nosotros como está el oriente del occidente. El Señor es para nosotros como un padre, compasivo para con los que le temen.”
David celebra a un Señor que no nos trata como merecen nuestros pecados, y compara su compasión con la de un padre hacia sus hijos. La misericordia aquí es cálida, no solo jurídica.
“¡en que el gran amor del Señor no tiene fin, pues sólo ha sido por su misericordia que nos ha guardado de la destrucción completa! El Señor es digno de toda confianza; sus muestras de bondad las recibimos cada día.”
En medio del duelo, el poeta recuerda que las misericordias del Señor no se acaban y son nuevas cada mañana. La misericordia es lo que nos impide ser consumidos.
“Así que viajó de regreso a la casa de su padre.»Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y sintió compasión por él; salió corriendo a encontrarlo, lo abrazó y lo besó. El joven le dijo: “Papá, he pecado contra el cielo y contra ti y ya no merezco que digan que soy tu hijo”. Pero el padre ordenó a sus sirvientes: “¡Pronto! Traigan la mejor ropa y vístanlo; pónganle un anillo en su dedo y sandalias en sus pies. Y que maten el becerro más gordo para hacer fiesta, porque este hijo mío estaba muerto pero ha vuelto a vivir; se había perdido y lo hemos encontrado”. Y comenzaron la fiesta.”
El padre de la parábola de Jesús ve a su hijo descarriado a lo lejos, corre hacia él y lo recibe en casa con una fiesta. Es una de las imágenes más completas de misericordia en los Evangelios.
“Pero Dios es tan rico en misericordia y nos amó tanto que, aunque estábamos muertos a causa de nuestros pecados, nos dio vida con Cristo, pues solo por su gracia somos salvos.”
Pablo dice que Dios, rico en misericordia, nos dio vida con Cristo cuando estábamos muertos en nuestras faltas. La misericordia llega antes de cualquier cosa que pudiéramos ofrecer.
“¡Pueblo de Dios! Ya el Señor les ha dicho qué es lo que él espera que ustedes hagan. Ya él les ha enseñado lo que es bueno y espera que ustedes hagan. Lo que el Señor les pide es que practiquen la justicia, que sean misericordiosos y que vivan siguiendo fielmente sus instrucciones.”
El profeta resume lo que pide el Señor: practicar la justicia, amar la misericordia y caminar humildemente con Dios. La misericordia se presenta como algo que se ama, no solo que se hace.
“¡Dichosos los que tienen compasión de otros, porque Dios tendrá compasión de ellos!”
Jesús llama bienaventurados a los misericordiosos y dice que recibirán misericordia. Nuestra propia necesidad de misericordia es lo que nos vuelve suaves con los demás.
“Lo que más quiero de ustedes no son sus sacrificios rituales, sino que amen a Dios y a su prójimo; lo que más quiero de ustedes no son sus ofrendas, sino que me reconozcan y respeten como su Dios.”
Dios dice que desea amor fiel más que sacrificio. La actividad religiosa sin misericordia pierde de vista lo que él realmente pide.
“pues al que no ha tenido compasión se le juzgará sin compasión. Y el que ha mostrado compasión triunfará a la hora del juicio.”
Santiago advierte que el juicio será sin misericordia para quien no la mostró, y añade que la misericordia triunfa sobre el juicio. Un corazón duro tiene su propio costo.
“»El reino de los cielos puede compararse a un rey que decidió arreglar cuentas con sus súbditos. En el proceso, le trajeron a uno que le debía cien millones de pesos. Como no podía pagarle, el rey ordenó que lo vendieran como esclavo, y también a su esposa, a sus hijos y sus posesiones. Al oírlo, el hombre cayó de rodillas delante del rey y le suplicó: “Señor, por favor, ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”. El rey, conmovido, lo soltó y le perdonó la deuda. »Pero cuando aquel mismo hombre salió de allí, fue adonde estaba alguien que le debía veinte mil pesos y, agarrándolo por el cuello, exigió pago inmediato. También este hombre cayó de rodillas delante de él y le suplicó: “Ten paciencia y te lo pagaré todo”. Pero su acreedor no quiso conceder ninguna prórroga, y lo hizo arrestar y meter a la cárcel hasta que la deuda quedara completamente saldada. Los amigos del encarcelado, entristecidos, acudieron al rey y le contaron lo sucedido. El rey, sin pérdida de tiempo, mandó llamar al hombre al que había perdonado. “¡Malvado! ¡Perverso!”, le dijo. “¡Así que yo te perdoné aquella inmensa deuda porque me lo pediste, y tú no pudiste tener misericordia del otro como yo la tuve de ti?”. Tan enojado estaba el rey que lo envió a las cámaras de tortura hasta que pagara el último centavo.”
Un siervo a quien se le perdonó una deuda enorme se niega a perdonar una pequeña, y el rey lo considera inaceptable. La parábola une la misericordia que recibimos con la que damos.
“«Esto es lo que dice el Señor Todopoderoso: Sean honrados y justos, no reciban soborno y muestren misericordia y bondad hacia todos. Dejen de oprimir a las viudas y a los huérfanos, a los extranjeros y a los pobres. Dejen de pensar en cometer maldades contra sus vecinos.”
El profeta llama a mostrar misericordia y compasión unos a otros y a no oprimir a viudas, huérfanos, extranjeros ni pobres. La misericordia tiene una forma social.
“Tengan compasión de los que dudan; salven a otros, arrebatándolos del fuego. Y en cuanto a los demás, sean bondadosos con ellos, pero tengan cuidado y no se dejen arrastrar por sus pecados.”
A los creyentes se les dice que tengan misericordia de los que dudan y que rescaten a otros con cuidado. Aquí la misericordia es ayuda paciente para quienes luchan en su fe.
“Acerquémonos, pues, confiadamente al trono del Dios de amor, para encontrar allí misericordia y gracia en el momento en que las necesitemos.”
Se nos invita a acercarnos al trono de Dios con confianza para recibir misericordia y hallar gracia en el momento de necesidad. La misericordia está disponible ahora, no solo al final.
Una oración breve
Dios misericordioso, gracias por tratarme con mucha más compasión de la que merezco. Ablanda mi corazón hacia quienes me han herido y deja que tu misericordia moldee mi trato con los demás. Amén.
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