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Sobre este capítuloJeremías presenta una queja a Dios: por qué prosperan los malvados y viven tranquilos los traidores. Pide a Dios que los arrastre como ovejas al matadero. Dios responde que si Jeremías se cansa corriendo contra hombres, cómo competirá con caballos, y si tropieza en tierra segura, cómo se las arreglará en la espesura del Jordán. Hasta su familia lo ha traicionado. Dios se lamenta por la ruina de su heredad, su viña convertida en yermo por muchos pastores. Promete que, tras desarraigar a las naciones, tendrá compasión y las restaurará, y si aprenden los caminos de su pueblo, serán establecidas entre ellos.

Jeremías presenta una queja a Dios: por qué prosperan los malvados y viven tranquilos los traidores. Pide a Dios que los arrastre como ovejas al matadero. Dios responde que si Jeremías se cansa corriendo contra hombres, cómo competirá con caballos, y si tropieza en tierra segura, cómo se las arreglará en la espesura del Jordán. Hasta su familia lo ha traicionado. Dios se lamenta por la ruina de su heredad, su viña convertida en yermo por muchos pastores. Promete que, tras desarraigar a las naciones, tendrá compasión y las restaurará, y si aprenden los caminos de su pueblo, serán establecidas entre ellos.

Temas

  • La prosperidad de los malvados
  • La respuesta dura de Dios
  • Compasión tras el juicio

Versículos clave

Biblia en audio · Jeremías 12

Escucha mientras haces tus cosas.

Jeremías 12

Nueva Biblia Viva17 versículos · 3 min de lectura

Nueva Biblia Viva © Biblica, Inc. — CC BY-SA 4.0

1Señor, tú siempre me haces justicia cuando te presento mis quejas. Deja que te presente ahora una más: ¿Por qué prosperan tanto los malvados? ¿Por qué son tan felices los traidores? 2Tú los plantas, ellos agarran suelo y sus iniciativas prosperan. Sus ganancias se multiplican y ellos se enriquecen. Dicen: «¡Gracias a Dios!», pero en su corazón no te lo atribuyen a ti. 3En cuanto a mí respecta, tú conoces mi corazón, bien sabes cuánto anhelo serte fiel. ¡Sin embargo, soy pobre, oh Señor! ¡Señor, llévalos arrastrados como ovejas silenciosas al matadero! ¡Júzgalos, oh Dios! 4¿Hasta cuando tendrá esta tierra tuya que soportar la conducta de ellos? ¡Aun la hierba del campo tiene que pagar las consecuencias por las perversidades que ellos cometen! Las bestias y aves silvestres han huido, dejando desierta la tierra. Sin embargo, el pueblo dice: «Dios no nos llevará a juicio. Estamos completamente a salvo». 5El Señor me respondió: Si el competir en la carrera con simples hombres —los de Anatot— te ha cansado, ¿cómo vas a competir contra caballos, contra el rey, su corte y todos sus malvados sacerdotes? Si en tierra pareja tropiezas y caes, ¿qué harás en las selvas del río Jordán? 6Y es que tu prueba será tan dura que hasta tus hermanos, tu propia familia, se pondrán en tu contra. ¡No confíes en ellos por más amables que sean las palabras que te dirijan! 7Luego el Señor dijo: He abandonado a mi pueblo, mi propiedad; en manos de sus enemigos he entregado lo que más amo. 8Es que mi pueblo ha rugido en mi contra como león del bosque, y entonces los he tratado como si no los amara. 9Mi pueblo se ha convertido en una presa deseada, de tal manera que sobre él se cierne una multitud de buitres y bestias salvajes que quieren devorarlo. 10Muchos gobernantes extranjeros han asolado a mi pueblo como si fuera un viñedo maltratado, pisoteando las vides y transformando su belleza en estéril desierto. 11Lo han desolado; escucho sus amargos lamentos. Toda la tierra de Israel está desolada y nadie se duele por ello. 12Ejércitos destructores saquean la tierra. El Señor se vale de ellos como si fueran una espada y con ella causa gran destrozo. ¡No hay donde ocultarse de la destrucción; nadie escapará! 13Mi pueblo sembró trigo y cosechó espinos; trabajaron afanosamente, pero sin provecho. Tendrán cosecha tan raquítica que se avergonzarán de ella, y es que sobre ellos pesa la tremenda cólera del Señor. 14Y ahora el Señor dice así a las naciones perversas, las que rodean la tierra que Dios dio a su pueblo Israel: ¡Miren, de su tierra los echaré así como Judá será echada de la suya! 15Pero después volveré y tendré compasión de todos ellos, y los traeré de regreso a su tierra, cada uno a su provincia de origen, la que le pertenece. 16Y si estas naciones paganas aprenden pronto las costumbres de mi pueblo y me tienen por Dios suyo en vez de Baal, cuyo culto enseñaron ellos a mi pueblo, entonces serán fuertes en medio de mi pueblo. 17Pero toda nación que se niegue a obedecerme será nuevamente expulsada y aniquilada, dice el Señor.
Versículos de Jeremías 12

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