Sobre este capítuloAl amanecer, los líderes entregan a Jesús a Pilato, quien le pregunta si es el rey de los judíos. Jesús dice poco. Sabiendo que la envidia movía a los acusadores, Pilato ofrece soltar a un preso, pero la multitud, instigada por los sacerdotes, pide a Barrabás y exige la crucifixión de Jesús. Los soldados se burlan de él con un manto de púrpura y una corona de espinas. A Simón de Cirene se le obliga a llevar la cruz. Jesús es crucificado en el Gólgota a la hora tercera; al mediodía cae oscuridad sobre la tierra, y él clama con palabras del Salmo 22 y muere. El velo del templo se rasga en dos, un centurión lo confiesa Hijo de Dios y José de Arimatea lo sepulta mientras unas mujeres observan.
Al amanecer, los líderes entregan a Jesús a Pilato, quien le pregunta si es el rey de los judíos. Jesús dice poco. Sabiendo que la envidia movía a los acusadores, Pilato ofrece soltar a un preso, pero la multitud, instigada por los sacerdotes, pide a Barrabás y exige la crucifixión de Jesús. Los soldados se burlan de él con un manto de púrpura y una corona de espinas. A Simón de Cirene se le obliga a llevar la cruz. Jesús es crucificado en el Gólgota a la hora tercera; al mediodía cae oscuridad sobre la tierra, y él clama con palabras del Salmo 22 y muere. El velo del templo se rasga en dos, un centurión lo confiesa Hijo de Dios y José de Arimatea lo sepulta mientras unas mujeres observan.
1Muy temprano en la mañana, se reunieron los jefes de los sacerdotes, los ancianos, los maestros de la ley y el pleno del Consejo Supremo y tomaron una decisión. Ataron a Jesús, se lo llevaron y lo entregaron a Pilato.2Pilato le preguntó: ―¿Eres tú el rey de los judíos? Él respondió:―Tú mismo lo dices.3Los jefes de los sacerdotes lo acusaban de muchas cosas.4Pilato le preguntó otra vez: ―¿No me vas a contestar? Mira todas las cosas de las que te acusan.5Pero ni aun así Jesús respondió, de modo que Pilato se quedó asombrado.6Pilato tenía la costumbre de soltar a un preso durante la fiesta, el que la gente pidiera.7Un hombre llamado Barrabás estaba preso junto con otros rebeldes por haber cometido un asesinato en una revuelta.8La gente llegó y le pidió a Pilato que le concediera lo que acostumbraba.9Pilato respondió: ―¿Quieren que deje libre al rey de los judíos?10Les hizo esa pregunta porque se daba cuenta de que los jefes de los sacerdotes habían entregado a Jesús por envidia.11Pero estos incitaron a la gente para que Pilato dejara libre a Barrabás.12Pilato volvió a preguntar: ―¿Y qué voy a hacer con el que ustedes llaman el rey de los judíos?13Ellos gritaron: ―¡Crucifícalo!14Él les decía: ―¿Por qué? ¿Qué mal ha hecho? Pero ellos gritaron todavía más fuerte: ―¡Crucifícalo!15Como Pilato quería tener contenta a la gente, dejó en libertad a Barrabás; después mandó que azotaran a Jesús y lo entregó para que lo crucificaran.16Los soldados llevaron a Jesús al interior del palacio, al lugar llamado pretorio, y reunieron a toda la tropa.17Le pusieron un manto de color púrpura; también trenzaron una corona de espinas y se la pusieron.18Y le gritaban: ―¡Viva el rey de los judíos!19Lo golpeaban en la cabeza con una caña y lo escupían, y doblando la rodilla, le hacían reverencias.20Después de haberse burlado de él, le quitaron el manto y le pusieron su propia ropa. Por último, lo sacaron para crucificarlo.21A un hombre de Cirene, que pasaba por allí al regresar del campo, lo obligaron a llevar la cruz. El hombre se llamaba Simón, y era padre de Alejandro y de Rufo.22Llevaron, pues, a Jesús a un lugar llamado Gólgota (que significa: Lugar de la Calavera).23Le ofrecieron vino mezclado con mirra, pero no lo tomó.24Entonces lo crucificaron. Repartieron la ropa de Jesús, y lo hicieron echando suertes para ver con qué se quedaba cada uno.25Eran las nueve de la mañana cuando lo crucificaron.26Un letrero tenía escrita la causa de su condena: «el rey de los judíos».27Con él crucificaron a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda.28Con esto se cumplieron las Escrituras que dicen: «Contado fue entre malvados».29Los que pasaban por allí meneaban la cabeza y lo insultaban diciendo: ―¡Eh! Tú, que destruyes el templo y en tres días lo reconstruyes,30¡baja de la cruz y sálvate a ti mismo!31También los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley se burlaban de él con estas palabras: ―Salvó a otros, pero no puede salvarse a sí mismo.32Que baje ahora de la cruz ese Cristo, rey de Israel, para que veamos y creamos. Los que estaban crucificados con él, también lo insultaban.33Al llegar el mediodía toda la tierra quedó en oscuridad, hasta la media tarde.34A esta hora Jesús gritó con fuerza:—Eloi, Eloi, ¿lama sabactani? (que significa:Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?)35Cuando algunos de los que estaban allí lo oyeron, dijeron: ―Escuchen, está llamando al profeta Elías.36Entonces un hombre corrió, empapó una esponja en vinagre, la puso en el extremo de una caña y se la ofreció a Jesús para que bebiera. Y dijo: ―Déjenlo, vamos a ver si Elías viene a bajarlo.37Entonces Jesús, dando un fuerte grito, murió.38El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo.39El centurión que estaba frente a Jesús, al oír el grito y ver que estaba muerto, dijo: —¡Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios!40Había también algunas mujeres mirando desde lejos. Entre ellas estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo el menor y de José, y Salomé.41Estas mujeres habían seguido a Jesús y lo habían atendido cuando estaba en Galilea. Además, había allí muchas otras que habían subido con él a Jerusalén.42Como era el día de preparación, es decir, la víspera del sábado, ya al atardecer,43José de Arimatea, miembro distinguido del Consejo Superior de los judíos, y quien también esperaba el reino de Dios, se llenó de valor y se presentó ante Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús.44Pilato se sorprendió de que Jesús ya estuviera muerto. Llamó al centurión y le preguntó si hacía mucho que había fallecido.45Cuando el centurión le informó, entonces Pilato entregó el cuerpo a José.46José compró una sábana, bajó el cuerpo y lo envolvió en ella. Después lo puso en un sepulcro cavado en la roca. Luego hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro.47María Magdalena y María la madre de José vieron dónde pusieron el cuerpo de Jesús.
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