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Sobre este capítuloMovido a compasión por una multitud hambrienta, Jesús alimenta a cuatro mil con siete panes y unos pocos peces. Cuando los fariseos exigen una señal, se niega y advierte a los discípulos sobre la levadura de los fariseos y de Herodes; ellos aún luchan por comprender. En Betsaida sana a un ciego en dos etapas, primero parcialmente y luego por completo. En Cesarea de Filipo, Pedro declara que Jesús es el Cristo, y Jesús empieza a enseñar que debe sufrir, ser rechazado, morir y resucitar al tercer día. Pedro protesta y es corregido con firmeza. Entonces Jesús llama a todo el que quiera seguirlo a negarse a sí mismo, tomar su cruz y no avergonzarse de él.

Movido a compasión por una multitud hambrienta, Jesús alimenta a cuatro mil con siete panes y unos pocos peces. Cuando los fariseos exigen una señal, se niega y advierte a los discípulos sobre la levadura de los fariseos y de Herodes; ellos aún luchan por comprender. En Betsaida sana a un ciego en dos etapas, primero parcialmente y luego por completo. En Cesarea de Filipo, Pedro declara que Jesús es el Cristo, y Jesús empieza a enseñar que debe sufrir, ser rechazado, morir y resucitar al tercer día. Pedro protesta y es corregido con firmeza. Entonces Jesús llama a todo el que quiera seguirlo a negarse a sí mismo, tomar su cruz y no avergonzarse de él.

Temas

  • Ceguera de entendimiento
  • Confesión de Pedro
  • Mesías sufriente
  • Costo del discipulado

Versículos clave

Biblia en audio · Marcos 8

Escucha mientras haces tus cosas.

Marcos 8

Nueva Biblia Viva38 versículos · 4 min de lectura

Nueva Biblia Viva © Biblica, Inc. — CC BY-SA 4.0

1En aquellos días, de nuevo había una gran multitud que no tenía qué comer. Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: 2―Siento compasión de la gente, porque ya llevan tres días aquí y se les ha acabado la comida. 3Si los envío sin comer, se desmayarán en el camino porque muchos han venido de lejos. 4―Y en un lugar desierto como este, ¿dónde se podrá encontrar alimentos para darles de comer? —protestaron los discípulos. 5―¿Cuántos panes tienen?—les preguntó. ―Siete —respondieron. 6Pidió a la multitud que se sentara en el suelo. Luego tomó los siete panes, dio gracias a Dios por ellos, los partió y los fue pasando a los discípulos. Los discípulos a su vez los fueron distribuyendo. 7Encontraron también unos pescaditos. Jesús los bendijo y pidió a los discípulos que los repartieran. 8Todos comieron y se hartaron. Al terminar, recogieron siete cestas de alimentos que sobraron; 9y eran como cuatro mil los que comieron. Después Jesús los despidió. 10Acto seguido se embarcó con sus discípulos hacia la región de Dalmanuta. 11Allí llegaron los fariseos y empezaron a discutir con él. Para ponerlo a prueba le dijeron: ―Haz alguna señal en el cielo. 12Y él, suspirando profundamente, respondió:―¿Por qué pide esta gente una señal? Les aseguro que no se le dará ninguna. 13Entonces los dejó y se embarcó de nuevo. Esta vez se fue al otro lado del lago. 14A los discípulos se les olvidó comprar alimentos antes de salir, y sólo tenían un pan en la barca. 15Jesús les advirtió:―¡Cuidado con la levadura del rey Herodes y la de los fariseos! 16Los discípulos se preguntaban intrigados: ¿Se referirá a que se nos olvidó el pan? 17Jesús, que sabía lo que estaban comentando, les dijo:―¿Por qué están hablando de que no tienen pan? ¿Todavía no ven ni entienden? ¿Tienen el corazón tan endurecido? 18¿Acaso tienen ojos y no ven, y oídos y no escuchan? ¿Ya no se acuerdan de 19que alimenté a cinco mil hombres con cinco panes? ¿Cuántas cestas llenas sobraron?―Doce— contestaron. 20―Y cuando alimenté a los cuatro mil con siete panes, ¿qué sobró?―Siete cestas llenas —le respondieron. 21―¿Y todavía no entienden?—les dijo. 22Llegaron luego a Betsaida; le llevaron a un ciego y le rogaron que lo tocara. 23Jesús tomó al ciego de la mano y lo sacó del pueblo. Una vez fuera, le mojó los ojos con saliva y le puso las manos encima.―¿Ves algo ahora?—le preguntó. 24El hombre miró a su alrededor. ―¡Sí! —dijo—. Veo gente y parecen como árboles que caminan. 25Jesús le colocó de nuevo las manos sobre los ojos, y el hombre miró fijamente y pudo ver todo con claridad. 26Jesús le ordenó que regresara con su familia.―No entres en el pueblo—le dijo. 27Jesús y sus discípulos siguieron hacia los pueblos de Cesarea de Filipo. En el camino les preguntó:―¿Quién cree la gente que soy? 28―Algunos dicen que eres Juan el Bautista —le respondieron—; y otros afirman que eres Elías o uno de los profetas. 29―¿Y quién creen ustedes que soy?Pedro le respondió: ―¡Tú eres el Mesías! 30Jesús les mandó que no se lo dijeran a nadie. 31Y empezó a enseñarles que era necesario que el Hijo del hombre sufriera mucho y que iba a ser rechazado por los ancianos, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley. Les dijo también que lo matarían, pero resucitaría después de tres días. 32Con tanta franqueza les habló, que Pedro lo llamó aparte y lo reprendió. 33Pero Jesús le volvió la espalda y, mirando a los otros discípulos, reprendió a Pedro:―¡Apártate de mí, Satanás! ¡Estás mirando las cosas como las ven los hombres y no como las ve Dios! 34Dicho esto, llamó a la multitud junto con sus discípulos y añadió:―Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. 35El que se afana por salvar su vida, la perderá. Pero los que pierden su vida por mi causa y por la causa del evangelio, la salvarán. 36»¿De qué le sirve a una persona ganarse el mundo entero si pierde su vida? 37¿Qué se puede dar a cambio de la vida? 38Si alguien se avergüenza de mí y de mi mensaje en medio de esta gente incrédula y pecadora, el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.
Versículos de Marcos 8

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