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Acerca de este libro: Joel

Joel comienza con un desastre que toda la tierra puede ver: enjambres de langostas han arrasado los campos, la cosecha se perdió y hasta las ofrendas del templo se agotaron. El profeta ve la plaga como una advertencia y llama a todos, desde los ancianos hasta los niños, sacerdotes incluidos, a ayunar, reunirse y clamar al Señor con corazón sincero, no solo rasgándose la ropa. Luego mira hacia adelante, al día del Señor, un día de juicio que se describe como un ejército invasor. Pero el ánimo cambia cuando el pueblo vuelve a Dios. Él promete restaurar los años perdidos, responder con grano, vino y aceite, y quitar la vergüenza de su pueblo. La promesa más conocida del libro es que Dios derramará su Espíritu sobre toda clase de personas: hijos e hijas, ancianos y jóvenes, siervos y libres. En las escenas finales Dios juzga a las naciones y habita con su pueblo. Pedro recuerda esta promesa el día de Pentecostés, y los cristianos leen el libro como un llamado al arrepentimiento y una esperanza de renovación.

Autor
El profeta Joel, hijo de Petuel; del resto de su vida no se dice nada.
Fecha
Incierta; los estudiosos proponen fechas desde el siglo IX hasta el V a. C., y el libro no menciona ningún rey.
Destinatarios
El pueblo de Judá y Jerusalén, con sacerdotes y ancianos, después de una devastadora plaga de langostas.

Temas

El día del SeñorArrepentimiento de corazónLa misericordia y la restauración de DiosEl derramamiento del EspírituEl juicio de Dios sobre las naciones

Esquema

  1. 1:1–1:20La plaga de langostas y una tierra de luto
  2. 2:1–2:11El ejército del día del Señor
  3. 2:12–2:17Un llamado a volver con todo el corazón
  4. 2:18–2:27Dios responde y restaura
  5. 2:28–2:32El Espíritu derramado
  6. 3:1–3:21Las naciones juzgadas y Dios entre su pueblo

Versículos clave

Sobre este capítuloUna devastadora plaga de langostas ha dejado pelada la tierra, y Joel llama a todos, desde los ancianos hasta los borrachos, a escuchar y contárselo a sus hijos. Enjambres sucesivos se han comido campos, viñas e higueras, así que se cortan las ofrendas de grano y vino para el templo y los sacerdotes se lamentan. Los agricultores se desesperan al perderse la cosecha, y hasta los animales salvajes claman por agua. Joel convoca a los sacerdotes a vestirse de cilicio, declarar un ayuno santo y reunirse en la casa del Señor para clamar a él. Ve el desastre como anticipo del día del Señor, que está cerca y llega como destrucción del Todopoderoso.

Una devastadora plaga de langostas ha dejado pelada la tierra, y Joel llama a todos, desde los ancianos hasta los borrachos, a escuchar y contárselo a sus hijos. Enjambres sucesivos se han comido campos, viñas e higueras, así que se cortan las ofrendas de grano y vino para el templo y los sacerdotes se lamentan. Los agricultores se desesperan al perderse la cosecha, y hasta los animales salvajes claman por agua. Joel convoca a los sacerdotes a vestirse de cilicio, declarar un ayuno santo y reunirse en la casa del Señor para clamar a él. Ve el desastre como anticipo del día del Señor, que está cerca y llega como destrucción del Todopoderoso.

Temas

  • La plaga de langostas
  • Llamado a lamentar y ayunar
  • El día del Señor está cerca

Versículos clave

Biblia en audio · Joel 1

Escucha mientras haces tus cosas.

Joel 1

Nueva Biblia Viva20 versículos · 3 min de lectura

Nueva Biblia Viva © Biblica, Inc. — CC BY-SA 4.0

1Este es el mensaje que el Señor le dio a Joel, hijo de Petuel. 2¡Escuchen, sabios consejeros de Israel! ¡Escuchen, todos sus habitantes! En toda su vida, sí, en toda su historia, ¿ha sucedido algo semejante a lo que les voy a contar? 3Esto que va a suceder ustedes se lo contarán a sus hijos y ellos, a su vez, se lo contarán a sus propios hijos, de modo que la historia se irá contando de una generación a otra. 4¡Todos los cultivos fueron devorados por las plagas! Primero vinieron las orugas y se comieron una parte. Luego vinieron las langostas y acabaron con otra parte. Después de estas vinieron sucesivamente pulgones y saltamontes y se comieron lo poco que quedaba. 5¡Despierten y lloren ustedes, borrachos, pues no hay uvas para preparar el vino! ¡Les quitarán hasta el mosto que tengan en la boca! 6¡Un inmenso ejército los invade! Es un ejército terrible, demasiado numeroso como para poder ser contado, ¡es tan terrible y destructor que parece tener dientes y garras como los de los leones! 7Han arruinado mis viñedos y desgajado las higueras. ¡Las han derribado y pelado por completo! 8Llora, como llora desconsolada una joven novia porque han matado a su prometido. 9Ya no hay cereales ni vino para llevar como ofrenda al templo del Señor. Por eso están de luto los sacerdotes que sirven al Señor, quienes ministran en su templo. 10Los campos están secos, la tierra está vacía. Se perdió la cosecha del trigo, ya no hay vino y se acabó el aceite. 11¡Lloren, labradores! ¡Sollocen, viñadores! ¡Pues se perdieron las cosechas del trigo y la cebada! 12Las vides están muertas; las higueras se están muriendo; los granados están secos, lo mismo que las palmeras y los manzanos. ¡Todos los árboles del campo se murieron! Por eso la alegría se ha ido de la gente. 13¡Sacerdotes, vístanse de luto, lloren ustedes que ministran en el altar! Vengan, ministros de Dios, y pasen la noche sobre ceniza y con ropas ásperas en señal de profunda tristeza, porque en el templo de su Dios no hay ofrendas de cereales ni de vino. 14Anuncien un ayuno general; llamen a todo el pueblo a una reunión. Reúnan a los jefes y a todo el pueblo dentro del templo del Señor su Dios, para que le pidan ayuda al Señor. 15¡Ay, que ya viene el terrible día del Señor! ¡La anunciada destrucción de parte del Todopoderoso ya se aproxima! 16Nuestro sustento desaparecerá delante de nuestros ojos; todo gozo y alegría habrá terminado en el templo de nuestro Dios. 17La semilla se pudre en el suelo; los pajares y graneros están vacíos porque la cosecha se perdió. 18¡El ganado muge por el hambre! ¡Los bueyes corren como locos, porque no tienen pasto! ¡También las ovejas están sufriendo! 19¡Señor, ayúdanos, pues el fuego ha devorado los pastos, las llamas han quemado todos los árboles! 20Aun los animales salvajes claman a ti por ayuda, porque se secaron los riachuelos y los pastizales se marchitaron.
Versículos de Joel 1

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