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Guía por tema · 15 versículos

Versículos de la Biblia sobre Las palabras y la lengua

Casi todos hemos dicho algo que daríamos mucho por retirar, y casi todos recordamos una frase que alguien nos dijo hace años, para bien o para mal. La Escritura no trata el habla como simple ruido. Las palabras pueden herir, engañar y dividir comunidades, pero también sanar, sostener y animar. Estos pasajes miran el poder de la lengua, la disciplina de saber callar y el tipo de conversación que refleja un corazón moldeado por Dios.

El poder de una palabra

“La lengua tiene poder para vida o para muerte; los que la aman sufrirán las consecuencias.”

Se dice que la vida y la muerte están al alcance de la lengua, y que quien la ama come de su fruto. Hablar tiene consecuencias, tanto para quien habla como para quien escucha.

“Todos fallamos mucho; y si alguien no falla en lo que dice, es una persona perfecta que puede dominar todo su cuerpo. Cuando les ponemos freno en la boca a los caballos, podemos hacer que nos obedezcan y así los dominamos. Fíjense también en los barcos. A pesar de que son muy grandes y de que los empujan los fuertes vientos, el piloto lo dirige por donde quiere con un pequeño timón. Lo mismo pasa con la lengua. Es un miembro muy pequeño del cuerpo, pero hace alarde de grandes cosas. ¡Piensen que con una pequeña chispa se puede incendiar un gran bosque! La lengua es como un fuego, un mundo de maldad. Es uno de nuestros órganos y contamina todo el cuerpo; y encendida por el infierno, prende fuego a todo el curso de la vida.”

Santiago compara la lengua con un freno pequeño que gobierna al caballo y con una chispa que incendia un bosque. Un miembro diminuto puede dirigir o arruinar una vida entera.

“Con la lengua bendecimos a nuestro Señor y Padre, y también con ella maldecimos a las personas que han sido creadas a imagen de Dios. De una misma boca salen bendiciones y maldiciones. Hermanos míos, esto no debe ser así.”

La misma boca puede alabar a Dios y maldecir a personas hechas a su imagen. Santiago considera inaceptable esa contradicción y la trata como algo que debe corregirse.

“Hay quienes hieren con sus palabras, pero las palabras del sabio traen alivio.”

El hablar descuidado se compara con estocadas de espada, mientras que la palabra sabia trae sanidad. La misma fuerza puede herir o reparar según quién la use.

Contención y escucha

“En las palabras del que habla mucho, seguramente encontrarás pecado; el sabio sabe cuando callar.”

Donde abundan las palabras, la falta rara vez anda lejos. A quien se contiene se le llama prudente, un elogio por saber cuándo detenerse.

“La respuesta amable calma el enojo, pero la respuesta grosera lo hace encenderse más.”

Una respuesta suave puede quitarle el calor a una discusión, mientras que una dura la alimenta. El tono que elegimos suele decidir cómo termina la conversación.

“Mis queridos hermanos, pongan atención: Todos ustedes deben estar listos para escuchar, pero deben ser lentos para hablar y para enojarse.”

El orden importa: pronto para escuchar, lento para hablar y lento para enojarse. Muchos conflictos se reducirían si se practicara lo primero.

“Ayúdame, Señor, a mantener cerrada mi boca y sellados mis labios.”

Es una oración breve que le pide a Dios poner un guarda a la puerta de los labios. Reconoce que el dominio propio al hablar es algo en lo que necesitamos ayuda.

“Les aseguro que en el día del juicio van a dar cuenta de las cosas que digan descuidadamente. Lo que una persona diga ahora determina lo que le espera: o será justificada por sus palabras ¡o por ellas será condenada!».”

Jesús dice que hasta las palabras descuidadas darán cuenta. Toma en serio el hablar cotidiano porque revela cómo es realmente una persona.

Palabras que edifican

“Nunca empleen un lenguaje sucio; más bien digan palabras que les hagan bien a los que las oyen y los ayuden a madurar.”

Pablo descarta la conversación corrompida y pide palabras que atiendan la necesidad del momento y den gracia a quienes escuchan. La prueba es si ayuda al otro.

“Más bien, al vivir la verdad con amor, creceremos y cada vez seremos más semejantes en todo a Cristo, que es nuestra Cabeza.”

La verdad debe decirse con amor, y cada mitad necesita a la otra. La verdad sin amor lastima, y el amor sin verdad adula.

“Hablen siempre con buen gusto y de forma amena. Así podrán contestar siempre las preguntas que les hagan.”

El hablar debe ser amable y sazonado, como una comida que vale la pena. Pablo quiere que los creyentes sepan responder a cada persona con reflexión.

“Las palabras amables son como la miel, endulzan el alma y dan salud al cuerpo.”

Las palabras amables se comparan con un panal de miel, dulces al alma y saludables para el cuerpo. Animar no es un lujo sino una forma de cuidado.

“El consejo oportuno es como naranjas de oro con incrustaciones de plata.”

La palabra oportuna se describe como manzanas de oro en una pieza de plata. El momento justo y lo adecuado hacen hermosa una buena palabra.

“Que mis palabras y mis más íntimos pensamientos sean agradables a ti; Señor, roca mía y redentor mío.”

El salmista pide que tanto la palabra dicha como el pensamiento callado agraden al Señor. Al final, el habla es el desborde del corazón.

Una oración breve

Señor, pon guarda a mi boca y llena mi corazón de tu bondad. Que lo que diga hoy dé vida a alguien. Amén.

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