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Acerca de este libro: Isaías

Isaías es el más extenso de los libros proféticos y uno de los más citados en el Nuevo Testamento. Comienza con una dura acusación contra Judá por su religión vacía y su injusticia, y luego se ensancha hasta el juicio de Dios sobre las naciones. Junto a las advertencias corre una promesa constante: un rey justo del linaje de David, un niño llamado Emanuel y un siervo que sufrirá por los demás. La segunda mitad del libro se vuelve consuelo y anuncia que Dios traerá a su pueblo de vuelta del exilio y que su palabra no fallará. Termina con la visión de cielos nuevos y tierra nueva. Sus temas son la santidad de Dios, el costo de la injusticia, la confianza en Dios y no en alianzas políticas, y una esperanza que alcanza a todos los pueblos. Los cristianos han leído desde antiguo los cantos del siervo como una señal de Jesús, mientras que los lectores judíos los entienden de otras maneras.

Autor
El profeta Isaías, hijo de Amoz; muchos eruditos piensan que los capítulos 40–66 provienen de profetas posteriores de su tradición.
Fecha
El ministerio de Isaías abarca de 740 a 700 a. C. aproximadamente; el libro alcanzó su forma final después del exilio.
Destinatarios
El pueblo de Judá y Jerusalén, y más tarde los israelitas que enfrentaban el exilio en Babilonia o regresaban de él.

Temas

La santidad de DiosJusticia y verdadera adoraciónEl rey venidero y el siervo sufrienteConsuelo y regreso del exilioSalvación para todas las naciones

Esquema

  1. 1:1–12:6Juicio y esperanza para Judá
  2. 13:1–27:13Mensajes contra las naciones
  3. 28:1–35:10Ayes y confianza en Dios, no en alianzas
  4. 36:1–39:8Ezequías y la crisis de Jerusalén
  5. 40:1–55:13Consuelo y el siervo
  6. 56:1–66:24Restauración y nueva creación

Versículos clave

Sobre este capítuloLa visión de Isaías sobre Judá y Jerusalén comienza con una escena de tribunal: se convoca como testigos al cielo y la tierra, y Dios dice que sus hijos se han rebelado, peor que un buey que conoce a su dueño. Los sacrificios y fiestas ofrecidos junto con la injusticia no le agradan. Dios llama al pueblo a lavarse, dejar el mal, buscar la justicia y defender al huérfano y a la viuda, y luego a razonar juntos, prometiendo que los pecados como grana pueden quedar blancos como la nieve. La obediencia trae bendición; la negativa, la espada. El capítulo cierra con la promesa de depurar la ciudad hasta que vuelva a llamarse fiel.

La visión de Isaías sobre Judá y Jerusalén comienza con una escena de tribunal: se convoca como testigos al cielo y la tierra, y Dios dice que sus hijos se han rebelado, peor que un buey que conoce a su dueño. Los sacrificios y fiestas ofrecidos junto con la injusticia no le agradan. Dios llama al pueblo a lavarse, dejar el mal, buscar la justicia y defender al huérfano y a la viuda, y luego a razonar juntos, prometiendo que los pecados como grana pueden quedar blancos como la nieve. La obediencia trae bendición; la negativa, la espada. El capítulo cierra con la promesa de depurar la ciudad hasta que vuelva a llamarse fiel.

Temas

  • Rebelión y misericordia
  • Culto sin justicia
  • Limpieza y restauración

Versículos clave

Biblia en audio · Isaías 1

Escucha mientras haces tus cosas.

Isaías 1

Nueva Biblia Viva29 versículos · 4 min de lectura

Nueva Biblia Viva © Biblica, Inc. — CC BY-SA 4.0

1Estos son los mensajes que recibió Isaías, hijo de Amoz, en unas visiones que tuvo durante los reinados de Uzías, Jotán, Acaz y Ezequías, todos ellos reyes de Judá. En estos mensajes Dios le mostró lo que habría de ocurrirles a Judá y a Jerusalén en los días por venir. 2Escuchen, cielo y tierra, lo que dice el Señor: Los hijos que crie y cuidé por tanto tiempo y tan tiernamente se han vuelto contra mí. 3Hasta los animales —el burro y el buey— conocen a su amo y agradecen sus cuidados, ¡pero no así mi pueblo Israel! Haga lo que haga por ellos, les tiene sin cuidado. 4¡Qué nación tan pecadora! Andan encorvados bajo la carga de su culpa. También sus padres fueron malvados. Nacidos para el mal, le volvieron las espaldas al Señor y menospreciaron al Santo de Israel. Ellos mismos se han alejado de mi auxilio. 5Oh pueblo mío, ¿no han recibido suficiente castigo? ¿Por qué obligarme a azotarlos una y otra vez? ¿Es su intención ser rebeldes toda la vida? De la cabeza a los pies están enfermos, débiles y desfallecidos, cubiertos de magulladuras, verdugones y heridas infectadas, sin ungir ni vendar. 7Su patria está en ruinas, sus ciudades incendiadas. Mientras ustedes se la pasan mirando, los extranjeros destruyen y saquean cuanto ven. 8Y ahí se quedan ustedes, indefensos y abandonados como si fueran una de esas chozas inútiles que usan los vigilantes en el campo luego de terminada la cosecha, pero cuando el producto de la cosecha ya ha sido saqueado y robado. 9Si el Señor Todopoderoso no hubiera intervenido para salvar a unos cuantos de nosotros, habríamos sido destruidos como lo fueron Sodoma y Gomorra. 10¡Es una buena comparación! Escuchen, jefes de Israel, hombres de Sodoma y Gomorra, como ahora les llamo. ¡Escuchen al Señor! ¡Escuchen lo que les dice! 11Sus sacrificios me tienen harto, no me los traigan más. No quiero sus carneros engordados, no quiero ver la sangre de sus ofrendas. 12¿Cómo he de querer los sacrificios de ustedes si ni siquiera son capaces de sentir dolor por sus pecados? El incienso que me traen hiede en mis narices. Sus santas celebraciones de la luna nueva y el sábado, y sus días de ayuno especial —aun sus más santas reuniones—, ¡todo es fraude! No quiero nada más con ellos. 14Los detesto a todos, no puedo verlos ni pintados. 15De ahora en adelante, cuando oren con las manos levantadas al cielo, no miraré ni escucharé. Por más oraciones que hagan, no escucharé, porque sus manos son manos de asesinos, están manchadas con la sangre de víctimas inocentes. 16¡Oh, lávense, límpiense! Que no les vea yo nunca más cometer esas maldades; dejen sus malos caminos. 17Aprendan a hacer el bien, a ser justos y a ayudar a los pobres, a los huérfanos y a las viudas. 18¡Vengan y aclaremos las cuentas! —dice el Señor—, por profunda que sea la mancha de sus pecados, yo puedo quitarla y dejarlos tan limpios como la nieve recién caída. ¡Aunque sus manchas sean rojas como el carmesí, yo puedo volverlas blancas como la lana! 19Si me dejan ayudarlos, que me puedan obedecer, yo los enriqueceré. 20Pero si continúan volviéndome las espaldas y negándose a escucharme, morirán a manos de sus enemigos. Yo, el Señor, se los aseguro. 21¡Oh Jerusalén, que fuiste mi fiel esposa, ahora eres una ramera! ¡Corres tras otros dioses! Fuiste «La Ciudad de la Justicia», pero hoy eres guarida de asesinos. 22Fuiste como plata purificada, pero ahora estás mezclada con ruin aleación. Fuiste muy pura, pero ahora estás diluida como vino aguado. 23Tus caudillos son rebeldes, compinches de ladrones; todos son sobornables y no defienden a las viudas ni a los huérfanos. 24Por tanto, así dice el Señor, el Señor Todopoderoso, el Poderoso de Israel, dice: ¡Derramaré mi ira sobre ustedes, enemigos tuyos! 25Yo mismo los derretiré en la fundición y les sacaré la escoria. 26Y después les daré buenos jueces y sabios consejeros como los que antes tenían. Entonces nuevamente la ciudad de ustedes se llamará «La Ciudad de la Justicia» y «La Ciudad Fiel». 27Los que regresen al Señor deben ser justos y buenos, y entonces serán redimidos. 28Pero todos los pecadores serán totalmente aniquilados, porque rehúsan venir a mí. 29Los cubriré de vergüenza, y enrojecerán pensando en aquellas ocasiones en que sacrificaban ante los ídolos en sus bosques de encinas «sagradas». 30Perecerán como lo hace un árbol marchito o un huerto sin agua. 31Los más fuertes de ustedes desaparecerán como paja en el fuego; sus maldades son la chispa que enciende la paja, y nadie podrá apagarla.
Versículos de Isaías 1

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